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LAS LECCIONES DE ABISMO DEL PROFESOR VERNE (V)

Mundus Subterraneus Miércoles, 24 Junio 2009 21:26

 

 

P anguinus2Lecciones XIII a XVI

"Hablar de fauna del terciario viviendo bajo tierra parece cosa de ficción, fantasías vernianas, pero el asunto no se puede zanjar tan fácil. Hay un hecho. El mundo subterráneo no está ni muerto ni desierto. Al contrario, está plagado de animales muy poco conocidos, y muchos aún por conocer. Ya en 1689, Valvasor había descubierto el proteo (proteus anguinus) en las grutas de Carniole, una especie de salamandra ciega que tiene la proteica capacidad de cambiar de color para mimetizarse según los diferentes entornos, pudiendo hasta hacerse transparente. Hace no tanto se han detectado en la ya mentada Sima de San Martín ejemplares de coleópteros autóctonos procedentes de la era terciaria, es decir, coetáneos de los tiranosaurios y diplodocos, auténticos fósiles vivientes que están esperando una investigación a fondo. Además de los consabidos murciélagos, en lo profundo de las cuevas viven escarabajos, arácnidos, bacterias, larvas, mosquitos, colémbolos, peces, reptiles... ¿Qué más hay ahí dentro?

 Julio verne historiaLECCIÓN XIII: LA MUERTE ANDA AL ACECHO

La pérdida de conocimiento es el primer paso del rito de muerte-resurrección. El neófito deberá experimentar una muerte aparente para resucitar en otro estadio, dejando atrás la inmadurez y los valores caducos de su anterior vida, y despertando como un hombre nuevo. Lo explica muy bien Fernando Savater:

"Se baja para surgir de nuevo otra vez, para renacer; este segundo natalicio nos proporciona fuerzas renovadas, una disposición vital impecable que el contacto con el infierno ha templado [...]"

(F. Savater, 'La infancia recuperada', cap. III: 'El viaje hacia abajo')
"De repente creí oir unas palabras vagas, inaprehensibles, lejanas".

(Jules Verne, Viaje al centro de la Tierra, cap. 28)
Axel, al despertar de su desvanecimiento, reconoce la voz de su tío, apenas audible, que llega desde lejos hasta donde él se encuentra perdido, transmitida a través de la masa rocosa por un fenómeno acústico. Por los lapsos que transcurren entre preguntas y respuestas, calculan el trecho que les separa: cuarenta segundos ida-vuelta, a la velocidad del sonido, equivalen a más de una legua de distancia, o sea, casi siete kilómetros. El profesor recomienda a su sobrino que se deje resbalar y caer hacia abajo, siempre hacia abajo, con el fin de intentar reencontrarse en el lugar donde se hallan Hans y él.

"–Hasta la vista Axel: hasta pronto.
[...]

Tales fueron las últimas palabras que oí. [...] Este asombroso efecto de acústica se explicaba fácilmente por las solas leyes físicas inherentes a la forma del corredor y a la conductibilidad de la roca. Muchos son los ejemplos de esta propagación del sonido no perceptible en los espacios intermedios. Recuerdo que se ha observado este fenómeno en muchos lugares, entre ellos en la galería interior de la cúpula de San Pablo, en Londres, y sobre todo en medio de esas curiosas cavernas de Sicilia, esas canteras de las cercanías de Siracusa, de las que la llamada Oreja de Dionisio es la más maravillosa en este género".

Oreja de Dionisio Angelo Greco

dionisio

Oreja de Dionisio, Siracusa. Imagen de Angelo Greco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Cap. 28) Oreja grabado antiguo

Se refiere Verne a las conocidas Latomie dil Paradiso, unas antiguas canteras de piedra en las afueras de Siracusa, en su primera mención a Sicilia en la novela.
Estas canteras constituyen un fantástico complejo de cavidades artificiales, que no tendrían nada que envidiar a cualquier
cueva natural, entre las cuales destaca la Oreja de Dionisio, una inmensa grieta serpenteante de gran altura y profundidad, cuya curiosa acústica interna produce efectos sorprendentes, captando hasta los menores ruidos y transmitiéndolos al exterior. Dice la leyenda que en esta cavidad se encerraba a los prisioneros atenienses, y que el tirano de Siracusa Dionisio el Viejo (ca 430 - 367 a C) se dedicaba a espiar, gracias a este efecto acústico, sus conversaciones más secretas.

cordari Latomie dil Paradiso: Gruta de Cordari y Oreja de Dionisio en un antiguo grabado
  "La pendiente era bastante rápida, y me iba dejando resbalar por ella. Pronto la velocidad de mi descenso aumentó tanto, tan espantosamente, que parecía una caída. No podía pararme. De repente, me faltó el terreno bajo los pies y caí rebotado sobre las asperezas de una galería casi vertical, de un verdadero pozo, hasta que mi cabeza golpeó una aguda roca, y perdí el conocimiento".

 

 

(Cap. 28)

Esto le pasa a Axel por no llevar casco. Una vez más nos sentimos identificados con el joven, y el incidente de su caída nos retrotrae a uno parecido que experimentamos en nuestras carnes recientemente, en una cueva que en teoría no tenía nada de peligrosa. Estábamos en la zona superior de una colada estalagmítica, alta como una colina, iluminando los espeleotemas circundantes para hacerles una foto, cuando de pronto uno de nosotros tuvo un pequeño resbalón. Golpeó con su bota en los pies de otro, que perdió el equilibrio. Al intentar sujetarle el primero, se cayó a su vez, iniciando ambos un descenso vertiginoso patinando por la colada, agarrados entre sí, y sin poder parar.

Todavía un tercer miembro del grupo, que estaba un poco más abajo, intentó detener el despeñamiento de sus dos compañeros, con el resultado de que se vio a su vez arrastrado en la caída, en un efecto dominó. Resbalamos los tres por la pronunciada pendiente, sin podernos aferrar a ninguna roca, arañando con nuestras uñas el suelo de calcita en un intento desesperado de frenar la caída. "¡Agarraos, agarraos!", nos gritaba otro compañero. Por fin dos de nosotros conseguimos parar a un lado de la pendiente, no sabemos cómo, quedando nuestras piernas colgadas en el vacío, mientras el tercero se estampaba al otro lado contra el fondo pedregoso de una hondonada. Aunque algo contusionados, por fortuna salimos ilesos. Y al poco pudimos comprobar, con un escalofrío, que de haber seguido deslizándonos por la parte central de la colada, hubiéramos terminado por caer los tres en un pozo vertical de unos siete metros, con lo que el descalabro hubiera sido mayúsculo. Para habernos matado.

La presencia de la muerte es una constante en las cuevas. Más de una vez le hemos visto brillar la guadaña. Su negra silueta se cierne sobre nuestras cabezas, cual espada de Damocles, en los rincones más insospechados de la caverna. Puede enmascararse bajo los más diversos disfraces: una sima sin fondo, una inundación, una roca que se desprende... Véase un párrafo de '20 años de Espeleología en Navarra' que ilustra sobre ese constante peligro; los exploradores llevan varios días dentro de la sima de San Martín (en la campaña de prospecciones de 1960) y se disponen a descansar en uno de los campamentos subterráneos instalados:

"[...] una vez que decidimos acostarnos hemos observado que sobre la tienda de campaña existe un bloque amenazador que nos parece que es imposible que pueda permanecer en equilibrio; existe gran polémica sobre si lo tiramos o no, y quitando la tienda de campaña optamos por pasarle una cuerda, para entre dos tirando por cada lado arrojarlo. Pero todo es inútil; la cuerda se parte y el bloque queda en su sitio. Únicamente rendidos por el sueño decidimos colocar de nuevo la tienda debajo del bloque, no sin que alguien comentara que la anterior actuación habría dado lugar a debilitar su posición... Son las diez de la noche, no tenemos más remedio que dormir cuatro en la tienda de tres y sin chistar, ya que hay que hacerlo de costado y sin moverse en toda la noche. Este lugar se le bautizó con el nombre de 'La Galera de Damocles'."

Y también este otro párrafo:

"Por el lado francés la topografía ha continuado hacia la Sala La Verna, y después de una gran jornada han tenido que pernoctar en la sala Chevalier, y se ha tenido mucha suerte, ya que un gran bloque se ha desprendido sobre una tienda, que la ha cogido debajo en el momento en que no había nadie dentro."

(Varios autores, '20 años de Espeleología en Navarra', pp 82-83)

De cuando en cuando, una lápida de mármol nos recuerda que en tal o cual cueva falleció en accidente determinado espeleólogo que nos había precedido años ha en su exploración. Lo cual nos da mucho que pensar. La sima de San Martín es en nuestra zona la que más vidas se ha cobrado, aunque no la única. Véase el extracto de un informe de 1960, referente a las investigaciones hidrológicas en la Sala de La Verna:

Scartaris y okull sneffels"[...] llegamos al lugar donde se encuentra la lápida conmemorativa de la muerte del espeleólogo francés Loubens, donde una pequeña imagen de la Virgen presencia el lugar; aprovechamos para rezar y desde aquí nos metemos de lleno en el río"Paris Match 282 del 21 al 28 Agosto 1954 pag 18

('20 años de Espeleología en Navarra', p. 89) 

Epitafio de Marcel Loubens en el fondo del pozo Lepineux. Imagen: París-Match nº 282 del 21 al 28 de Agosto de 1954, pag. 18

La inscripción de la estela dice: 'En esta sima vivió los últimos días de su valerosa vida Marcel Loubens. Murió al servicio de la ciencia el 12 de agosto de 1952'. Actualmente, contigua a ésta, se ha instalado otra lápida rememorando a un espeleólogo checo muerto en 1985, Jiri Kubalek.

 

casteret grupo Un documento excepcional: La plana mayor de la espeleología francesa de los años 50 se reúne en la Piedra de San Martín. En el centro, puede verse a Marcel Loubens; a su lado, a la izquierda., Norbert Casteret; en el extremo derecho , sujetando las riendas del caballo, Haroun Tazieff, más tarde eminente vulcanólogo.

Paris Match 282 del 21 al 28 Agosto 1954 pag 16 

 

 

Recuperación del cuerpo de Marcel Loubens. Imagen: Portada de París-Match, nº 282, del 21 al 28 de Agosto de 1954. 

Loubens murió al despeñarse por la sima Lepineux, de 320 metros de caída, tras romperse la cabria utilizada para el descenso. En el fondo de la sima se halla su mausoleo. Junto a la boca de entrada a este pozo, y también sobre la sima de la cueva de Basaura, se pueden ver sendas lápidas dedicadas a otro espeleólogo pionero, Félix Ruíz de Arcaute, fallecido en 1971, con el siguiente lema:

 

Eslabon

 Recogemos la crónica de su muerte, que no por estar redactada en un escueto estilo de informe resulta menos estremecedora:

"En el transcurso de una serie de exploraciones llevadas a cabo por el organismo internacional de la sima de San Martín --ARSIP-- en 1971, [...] nuestro compañero Félix Arcaute ha encontrado la muerte producida por un fallo cardíaco en condiciones extremas de frío, humedad y cansancio, cuando se encontraba en la sima Lonné Peyret del complejo de la red hidrológica de San Martín.
La exploración compuesta por cuatro miembros, dos franceses y dos españoles, discurría con toda normalidad [...], encontrándose para superar la parte superior de una cascada con dificultades de frío, producido por el agua al caer sobre la escala aumentado por el esfuerzo de varios días de exploración [...]. Se produce una fuerte lucha por salir del punto en que se encuentra prisionero, ayudado en parte por los compañeros en situación precaria por la caída de uno de ellos y la dificultad del que se encuentra en la parte superior por salir; el resultado del confusionismo es la permanencia bajo la cascada más tiempo del necesario, corriendo el riesgo del fallo cardíaco producido por agotamiento.
Inmediatamente cunde la alarma en la Asociación Internacional, interviniendo el conjunto de los cuerpos de rescate y salvamento de la organización por parte francesa y española.
En continuo esfuerzo durante cuatro días y sus correspondientes noches se turnan los equipos de salvamento, que tienen que recurrir a equipos especiales de dinamiteros para ir abriendo paso en sitios estrechos [...]
Es rescatado el cadáver, y después de todos los requisitos oficiales es pasado por la frontera española de Roncal a Pamplona y Tolosa, donde es enterrado."

(Varios autores. '20 años de Espeleología en Navarra', pág. 169)

Arcaute es nuestro Arne Saknussem. El pionero que nos precedió en las incursiones, y cuyo espíritu nos guía por las grutas. Vaya por delante la expresión de nuestra admiración sin límites hacia él y hacia todos los espeleólogos veteranos que han dedicado sus vidas a explorar y estudiar con titánico esfuerzo, poniendo en peligro su integridad física, los sistemas kársticos y los complejos hidrogeológicos de Navarra, en una labor de investigación escasamente reconocida y recompensada, pero que se nos antoja sobrehumana.

Félix Ruíz de Arcaute, espeleólogo

¿Ha muerto Axel? Sólo aparentemente. Tras su segunda pérdida de conocimiento, cae en picado, envuelto en un amasijo de rocas que arrastra consigo, hasta una gigantesca sala subterránea donde se encuentran esperándole su tío y Hans.

A partir de aquí Axel renace en una nueva dimensión del mundo intraterrestre. Al abrir los ojos, lo primero que ve es el lejano resplandor de una extraña luz. Entra Julio Verne en la parte más inverosímil del relato, su último tercio. La narración abandona su sustento realista y se carga de elementos fantásticos que ponen a prueba la credulidad del lector. Nada sabemos de lo que hay a tales profundidades, nadie lo sabe, así que Verne tiene vía libre para transitarlas con su imaginación. Y en este insólito mundo puede suceder de todo. Que lo creamos o no, es lo de menos. Aquí lo real y lo imaginario se funden y se hacen indistinguibles.

No sabemos si Axel sueña o delira, pero a partir de su simbólica 'muerte-resurrección' la crónica del viaje toma los derroteros de la fantasía más desbordada. El joven, o el espíritu del joven, se encuentra en el más allá, en otro mundo que poco tiene que ver con el nuestro.

"– ¡Vive! ¡Vive!
[...]

– Hijo mío, ¡estás salvado! – dijo mi tío, estrechándome contra su pecho. Me conmovió vivamente el tono en que pronunció esas palabras, y más aún los cuidados de que las acompañaba. Había que llegar a esos extremos para provocar en el profesor tales efusiones".

(Jules Verne, Viaje al centro de la Tierra, cap. 29)

"¡por Dios!, no nos separemos más, pues arriesgaríamos no volver a vernos jamás.
'No nos separemos más'. ¿No había acabado, pues, el viaje?"

(Cap. 29)

No, el viaje no ha acabado. Todavía queda lo más importante: llegar al centro de la Tierra, que es la mitad del viaje, y subir de allí a la superficie. Un proyecto como éste no se puede dejar a medias, pase lo que pase, pese a quien pese.
LECCIÓN XIV: ¿ES MARAVILLOSO? NO, ES NATURAL

"Mi aislamiento había durado cuatro largos días.
Al despertarme, al día siguiente, miré en torno mío. Mi cama, hecha con todas las mantas de viaje de que disponíamos, estaba instalada en una encantadora gruta ornada de magníficas estalagmitas, con un suelo de arena fina. Reinaba en ella una semioscuridad extraña. Ninguna antorcha, ninguna lámpara se hallaba encendida, y, sin embargo, una inexplicable claridad venía de fuera a través de una estrecha abertura de la gruta. Oía también un murmullo vago e indefinido, como el gemido de las olas que mueren suavemente en una playa, y, a veces, como los silbidos de la brisa".

(Jules Verne, 'Viaje al centro de la Tierra', cap. 29)

Historia Julio verde 036La luz proviene de una colosal sala, que alberga en su seno un mar subterrestre tan extenso como el Mediterráneo, cubierto de nubes permanentes, azotado por vientos y tormentas, e iluminado por una perpetua claridad, que no sabe de días ni de noches.

"Era como una aurora boreal, un fenómeno cósmico continuo, lo que irradiaba sobre aquella caverna, capaz de contener un océano. [...]

En vez de un firmamento refulgente de estrellas, era una bóveda de granito lo que había por encima de las nubes, una bóveda que me aplastaba con todo su peso"

(cap. 30).

Ni siquiera el profesor es capaz de hallar una interpretación científica a tan extraordinarios hechos.

"No puedo explicarlo, porque es inexplicable. Pero cuando lo veas, comprenderás que la ciencia geológica no ha dicho aún su última palabra"

(Cap. 29)

A partir de ahí, profesor y discípulo empiezan a barajar diversas hipótesis para intentar respaldar con una teorización más o menos científica lo que están viendo sus ojos asombrados.

"Axel: [Todo esto] me recordó la teoría de un capitán inglés que veía en la Tierra una inmensa esfera hueca, en cuyo interior el aire se hacía luminoso a causa de su presión, y por el que dos astros, Plutón y Proserpina, trazaban sus misteriosas órbitas. ¿Tendría razón?"

(Cap. 30)

"Lidenbrock: El hecho admite una explicación geológica. En una determinada época, la Tierra no estaba formada más que por una corteza elástica, sometida, en virtud de las leyes de la atracción, a una serie de movimientos alternativos de dilatación y de contracción. Es muy probable que se produjeran hundimientos del suelo y que una parte de los terrenos sedimentarios fuera arrastrada al fondo de los abismos súbitamente abiertos".

(Cap. 30)

Verne pone como ejemplo comparativo un caso existente en la realidad. El de la cueva del Mamut, en Estados Unidos, considerada hasta el momento como la más grande del mundo.

mammoth cave big copia

 Perspectiva axonométrica de la Cueva del Mamut.    

"La inmensa caverna del Mammouth, en el Kentucky, es de proporciones gigantescas, puesto que su bóveda se eleva a quinientos pies por encima de un lago insondable, y que ha sido recorrida en más de diez leguas, sin llegar a su extremidad, por varios viajeros. Pero ¿qué son esas cavidades comparadas con la que yo admiraba entonces, con [...] un vasto mar encerrado en sus flancos? Mi imaginación se sentía impotente ante tal inmensidad".

 

(Cap. 30)

"– ¡Es maravilloso!
– No. Es natural".

(Cap. 31)

"– La ciencia, hijo mío, está hecha de errores, pero de unos errores en los que es bueno haber incurrido, porque son ellos los que nos conducen poco a poco a la verdad".

(Cap. 31)

¿Tan inverosímil es imaginar bajo tierra una inmensa sala inundada por un mar? ¿Se trata de un mero producto de la imaginación de Axel (o de la de Verne)? Así nos lo parecía cuando leímos de chicos por primera vez la novela. Pero años más tarde, y tras haber visitado buen número de cuevas del mundo real, ya no lo tenemos tan claro.

"– Y ¿por qué no? ¿Hay alguna razón física que se oponga a ello?"

(Cap. 31)

De hecho hemos podido comprobar que el mundo subterráneo está lleno de caudalosos ríos y de lagunas y lagos interiores que, aunque no lleguen ni de lejos a la categoría de mar, pueden ser extensos, profundos, e incluso navegables.

Navegar por un río subterráneo. Remar en un lago intraterrestre. Suena a novela de aventuras, a escena de ensueño, y así nos lo parecía antaño, pero ¿quién podría imaginar que llegaría un día en que lo hiciéramos de verdad con unas barcas hinchables y un par de remos? Y así ha sido. Y sentimos al hacerlo como si estuviéramos viviendo ese sueño.

"– [...] descansa hoy todo el día, y mañana nos embarcaremos.
-- ¿Embarcaremos?
Esta palabra me hizo saltar de la cama".

(Cap. 29)

"Pero dígame, tío, cuáles son sus proyectos. ¿No piensa volver a la superficie del Globo?
– ¿Volver? ¡Vamos, vamos! Muy al contrario: continuar nuestro viaje".

(Cap. 31)

En cuanto a la inmensa sala que alberga bajo su bóveda monolítica todo un océano, ¿tan imposible es la idea? Ya no estamos tan seguros, desde que hemos tenido el privilegio de poder contemplar una gran sala cavernaria de proporciones tan descomunales que nos parece un enclave totalmente irreal. Hablamos de la célebre Sala de La Verna, una de las más grandes del mundo, que se oculta dentro del complejo de ríos subterráneos de la Sima de San Martín, en el macizo de Larra (Navarra-Zuberoa), en la frontera entre Francia y España.

Mucho habíamos oído hablar de la grandeza de esta legendaria sala. Se contaba que en ella cabría entera la catedral de Burgos. Pero siempre la habíamos supuesto de acceso imposible para nuestro nivel, dado que para entrar en ella había que descender en vertical una pavorosa sima de 320 metros de profundidad (la sima Lepineux, donde murió Loubens). Su visita la teníamos relegada al cajón de los sueños imposibles, cuando para nuestra sorpresa nos enteramos de que existe otra entrada secreta para acceder al recinto.

 Sala de la Verna pasarelaUn túnel horizontal, horadado por la Compañía de Electricidad de Francia con el fin de construir en la sala una presa para el aprovechamiento hidroeléctrico de las cascadas que caen en su interior. Una puerta trasera. Ábrete, sésamo. Nuestro sueño, hecho realidad. El acceso del público por este túnel está de habitual prohibido, a causa del gran número de excursionistas que se pierden en el laberinto de la red de San Martín (lo que obliga a organizar continuos rescates desde el pueblo más cercano), pero se conceden permisos de entrada a los clubes de espeleología.

¿La catedral de Burgos, decían? Con su bóveda a 150 metros de altura en su parte central, de hecho cabría entera la basílica de San Pedro, que es la iglesia más grande del mundo, y, puestos a comparar, hasta la gran pirámide de Keops, el más grandioso monumento de la antigüedad, con sus ciento cuarenta y pico metros de alto, entraría con holgura en la sala sin tocar el techo.

"Copiamos de Juan San Martín, su presencia por primera vez en la sala de La Verna, que dice es poseedora de una interesante geomorfología; la erosión mecánica de las aguas, al perforar las capas de pizarras, fue socavando el antiguo lecho para producir extraordinarios procesos litoclásticos que ocasionaron las enormes proporciones de la misma, pues tiene nada menos de 250 x 200 x 150 metros en su parte central. De planta ovalar y techo en cúpula, con arqueado perfecto, porque la naturaleza, que sabe de las leyes físicas, ha ido eliminando las partes excedentes para buscar las flechas perfectas del arco, debido a las presiones que le somete la masa montañosa."

('20 años de Espeleología en Navarra', pp 84-85)

Contrástese este párrafo con el siguiente, del libro de Verne:

"la bóveda es sólida. El gran arquitecto del universo la ha construido con buenos materiales. Nunca el hombre hubiera podido darles tal dimensión. Pues ¿qué son los arcos de los puentes y catedrales comparados con esta nave de tres leguas de radio, [...]?

(Jules Verne, Viaje al centro de la Tierra, cap. 31)

Cambian las medidas, pero la descripción sería perfectamente aplicable a la Sala de la Verna, una de las maravillas naturales de nuestro planeta, que deja boquiabiertos hasta a los más versados espeleólogos que se acercan a visitarla desde todo el mundo.

"Hemos penetrado de nuevo [...], de paso acompañamos a nuestras invitadas para que vean la sala de La Verna, quedando asombradas de sus dimensiones"

('20 años de Espeleología en Navarra', pág. 91)

piedra1 Sala de la VernaEn lo más alto de una de las paredes de la cavidad se abre una galería desde la que se precipita al fondo de la sala el río San Martín, creando una magnífica cascada de 80 metros de desnivel que se abre paso entre el caos rocoso dividiéndose en numerosas colas de caballo, para terminar por perderse en un sumidero rodeado de una extensa playa de guijarros. Se trata de una de las mayores cascadas subterráneas del mundo.


"Echamos a andar por la playa. A la izquierda, unos enormes peñascos, amontonados unos sobre otros, formaban una prodigiosa construcción titánica. Sobre sus flancos corrían innumerables cascadas límpidas y resonantes".

(Jules Verne, Viaje al centro de la Tierra, cap. 30)

Los primeros espeleólogos que descubrieron la sala de La Verna en los años 50, en la que desembocaron siguiendo la corriente del río San Martín, cuentan que al emerger del interminable túnel y acceder a la sala, por la que el caudal se precipitaba en una estruendosa catarata, creían que la cueva se había acabado y habían salido al aire libre durante una noche muy oscura. Cuál no sería su sorpresa al descubrir que de noche nada, que continuaban en la oscuridad de la cueva, y que aún les quedarían kilómetros de galerías por explorar.

 

Piedra de San Martin

 Situación de la Piedra de San Martín y la Sala de la Verna. Imagen: Geoportal / IGN

Medio siglo después las exploraciones siguen su curso, habiendo alcanzado más de 50 kilómetros de longitud y más de 1.400 metros de profundidad, pasando los túneles por debajo del pueblo de Sainte-Engrace, y continuando hasta no se sabe dónde, pues la exploración aún no se ha acabado. Hay más: en el transcurso de las perforaciones del túnel artificial de acceso a la sala por parte de la compañía eléctrica francesa, se pinchó por puro azar otra red de galerías (el sistema de Arphidia) que, según se pudo comprobar, no tenía ninguna boca de entrada desde el exterior. Un complejo cavernario absolutamente oculto bajo la corteza terrestre, sin entradas ni salidas, cerrado en sí mismo, que nos hace especular sobre cuántos otros similares habrá en nuestro planeta todavía por descubrir.

Nada nos impide fantasear con que el terceto protagonista de 'Viaje...' hubiera podido perfectamente pasar por estos túneles y esta sala en su camino al centro del Globo. Las descripciones parecen coincidir:

"La gruta formaba una vasta sala. Nuestro fiel arroyo corría por su suelo granítico"
(cap. 25)

Las coordenadas de su trayectoria, también:

"Hemos pasado debajo de Inglaterra, del Canal de la Mancha, de Francia, de toda Europa quizá"

(cap. 35)

Sabemos que Verne no había oído hablar de la sala de La Verna, puesto que faltaba aún un siglo para ser descubierta, pero da la sensación de que en esto, una vez más, se había anticipado a la realidad, y de que hubiera tomado estos parajes como modelo para sus descripciones. Recientemente se ha organizado una expedición, apoyada por el ejército francés, a la sala de La Verna, en cuyo interior se han hecho volar tres globos aerostáticos tripulados, a fin de iluminar el recinto en toda su inmensidad. ¿Quién sino una mente como la de Julio Verne hubiera podido imaginarlo? ¡Se puede volar dentro de la Tierra! De nuevo parece estar planeando por estos lugares el espíritu del autor de 'Cinco semanas en globo'. Podría muy bien la sala de La Verna ser rebautizada como la 'sala del Verne'.

 

verna globoLECCIÓN XV: EL PASADO SÓLO ESTÁ ENTERRADO

Al recorrer las orillas del océano subterráneo, Lidenbrock y Axel van descubriendo cosas pertenecientes a eras geológicas remotas, anteriores a la actual. El pasado no está perdido, sólo está enterrado, y cuanto más adentro se interna uno en la tierra, más antiguos son los estratos por los que pasa, al igual que nuestro cerebro 'reptiliano' se esconde en las capas más profundas de nuestra masa cerebral. Allí ven "helechos arborescentes tan grandes como los pinos de las altas latitudes" y "plantas monstruosas" (cap. 30). No está de más señalar que este tipo de plantas no son un mero producto de la fértil imaginación de Verne, sino que todavía existen en realidad en sitios de la Tierra adonde no llegaron las últimas glaciaciones, tal que Chiapas o algunas islas de Indonesia. Helechos altos como árboles, ejemplares supervivientes de la era de los dinosaurios, que se dirían como preservados en un invernadero a través de los milenios.

"– Bien dices, muchacho, al llamar a esto un invernadero, pero mejor dirías aún si también lo llamaras un zoo.
– ¿Un zoo?
– Sí, sin duda. Mira este polvo que vamos pisando, esos huesos diseminados por el suelo.
– ¡Son osamentas! ¡Sí! Son osamentas de animales antediluvianos".

(Cap. 30)

Una vez más el texto nos evoca parajes que existen en la vida real. El año 1989 se descubrió en la sierra de Aralar la cueva de Amutxate por el grupo espeleológico Satorrak, que tras una ardua exploración de seis años logró llegar a una gran sala cuyo suelo estaba literalmente tapizado por osamentas de animales extinguidos de la era cuaternaria, sobre todo de osos de las cavernas. En las fotografías tomadas antes de proceder a la excavación del lugar (dirigida por el eminente paleontólogo Trinidad Torres, uno de los pioneros de Atapuerca) pueden contemplarse enormes cráneos de ursus speleus diseminados por toda la caverna, que podrían servir de ilustraciones para este pasaje de la novela de Verne.

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Sala de los Osos de la Cueva de Amutxate. Imagen: G.E. Satorrak

"–Pero si vivieron aquí animales antediluvianos, ¿quién podría decir que no ande todavía alguno de aquellos monstruos por esos bosques sombríos o tras esas escarpadas rocas?"

Historia Juio Verne 037

 

 

 

(Cap. 30)
Los tres viajeros descubren extensiones de terreno pobladas de abetos y cedros antediluvianos, y para remate un bosque de hongos gigantes, cual si estuvieran en el País de las Maravillas de Alicia. Construyen una balsa usando troncos de coníferas mineralizadas, que por no haber sufrido más que un comienzo de fosilización, todavía pueden flotar en el agua, para asombro de Axel.

"– ¿Convencido?
–Convencido de que es increíble".

(Cap. 31)

Y emprenden en balsa la navegación por el océano subterráneo, con el fin de llegar a la orilla opuesta para, ya en tierra firme, retomar la dirección por alguna galería que se hunda rumbo el centro del Globo. Ahí tenemos a maestro y novicio atravesando la laguna Estigia en la barca de Caronte, como hizo Eneas. Durante la travesía Hans aprovecha para echar un anzuelo, y para sorpresa de todos pesca un extraño pez parecido a un esturión.

"Este pez pertenece a una familia extinguida desde hace siglos y de la que únicamente se hallan sus huellas fósiles"

(Cap. 32)

 Chalumnae Coelacanth LatimeriaEl Celacanto (Latimeria Chalumnae), un fósil viviente. Imagen: WikisourcePez abisal

Peces prehistóricos vivos. ¿Estamos ante otra fantasía de Julio Verne? Ya no se puede afirmar tal, desde que la prensa mundial anunció hace unos años el redescubrimiento de un ejemplar vivo de 'celacanto', un pez prehistórico que se creía extinto, y del que sólo se conocían vestigios fósiles. Una vez más el futuro ha dado la razón al escritor francés.

"este pez ofrece una particularidad que, se dice, se encuentra en los peces de las aguas subterráneas.  – ¿Qué particularidad es ésa? 

– Es ciego. 

– ¡Ciego! 

– Y no sólo ciego sino que carece por completo del órgano de la vista".

 

blindcave(Cap. 32) 

Se nota que Julio Verne se había documentado también en esta cuestión. Muchos de los ríos y lagos del mundo subterráneo albergan, efectivamente, entre sus distintos tipos de fauna troglobia, raros ejemplares de pequeños peces a los que la naturaleza no ha dotado de órganos de visión, que en esas tinieblas absolutas serían superfluos. Son especies a veces endémicas, animales sólo existentes en las cuevas de una determinada zona, únicos en el mundo, y distintos de una caverna a otra. Como ocurre con la fauna marina de las fosas abisales, están poco estudiados a causa de las dificultades inherentes al acceso, y cada cierto tiempo se habla del descubrimiento de especies nuevas.

 


getimagePez ciego colombianoLos pescados prehistóricos les sirven a los viajeros para renovar sus provisiones y, de paso, variar algo la dieta, que buena falta les hacía.

"Entre galletas, carne salada, ginebra y pescado seco, teníamos para cuatro meses" 

(Cap. 36)


LECCIÓN XVI: EL SUEÑO DE LA RAZÓN ENGENDRA MONSTRUOS

Tras las lecciones de geología y mineralogía impartidas hasta aquí, Verne se mete en los terrenos de la paleontología, para seguir desplegando su didactismo enciclopédico en temas como la fauna y flora de eras geológicas pasadas, los fósiles, las osamentas, las especies extinguidas de animales antediluvianos. El escritor estaba al día de los últimos descubrimientos en esta materia, y de las controversias que tenían lugar entre los científicos seguidores de unas u otras interpretaciones.

"la imaginación me lleva por las maravillosas hipótesis de la paleontología. Sueño despierto".

(Cap. 32)

A estas alturas, tanto a Axel como a nosotros empieza a costarnos distinguir qué es real y qué imaginario, qué lo verosímil y qué lo inverosímil en la crónica del viaje. Sea por la 'borrachera de las profundidades', por el agotamiento tras las arduas pruebas pasadas, por el golpazo que se ha dado en el cráneo, o por haber ingerido esturión del terciario, el joven se halla en un estado alterado de conciencia y empieza a tener alucinaciones. Dormido, despierto o en trance visionario, Axel tiene un sueño cósmico, que le remonta a épocas primigenias donde ve mamíferos y saurios gigantes, el mastodonte, el megaterio, "el pterodáctilo, de manos aladas, se desliza como un enorme murciélago por el aire..."

"Todo este mundo fósil renace en mi imaginación y me retrotrae a las épocas bíblicas de la creación, mucho antes del nacimiento del hombre, cuando la Tierra incompleta no podía bastarle aún. [...] 
No hay ya estaciones, ni climas. [...] ¡Los siglos pasan como días! [...] ¡Qué sueño! ¿A dónde me lleva? [...] Me he olvidado de todo, del profesor, del guía y de la balsa, en la alucinación que se ha apoderado de mi espíritu. 
– ¿Estás enfermo? 
– No; sólo una alucinación momentánea".

(Cap. 32)

¿Ha recuperado realmente Axel la conciencia de sí mismo? ¿Ha sido sólo momentáneo el delirio? No lo sabríamos decir, a raíz de lo que queda por ver. Lo cierto es que el muchacho empieza a disfrutar conscientemente de las maravillas que está teniendo el privilegio de contemplar en ruta, mientras que al profesor empieza a sucederle lo contrario. La impaciencia y la obstinación por lograr el objetivo le empañan los sentidos.

"no podemos lamentar haber venido hasta aquí. Es magnífico este espectáculo y...
– No se trata de ver nada. Yo me he asignado un objetivo y quiero alcanzarlo. Así que no me hables de admirar nada".

(Cap. 33)
Una actitud que a decir verdad no parece nada propia de un científico. Es la misma actitud que adoptaba Phileas Fogg, cuya fijación por ganar una apuesta le llevó a invertir su propia fortuna en dar la vuelta al mundo sin mostrar el menor interés ni apego por los países que iba atravesando. Lo perdido por lo ganado, aunque al menos consigue traerse del viaje una bella esposa.

En cuanto a Axel, se le podría aplicar aquí el cuento de Monterroso, que con sus siete palabras resume perfectamente la situación: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".

"– ¡Una ballena! ¡Una ballena! – grita el profesor –. Veo sus enormes aletas. ¡Y mirad cómo echa aire y agua!
En efecto, dos columnas líquidas se elevan a una considerable altura por encima del mar".

(Jules Verne, Viaje al centro de la Tierra, cap. 33)

042Lo que el capitán Ahab, perdón, el profesor Lidenbrock ha visto no es una ballena sino un ictiosaurio de dimensiones sobrenaturales. Tiene el hocico de una marsopa, la cabeza de un lagarto y los dientes de un cocodrilo. Cuando les va a atacar, se acerca ocasionalmente otro monstruo, un plesiosaurio provisto de un caparazón como de tortuga gigante, que se enzarza en una feroz lucha con el bicho enemigo, permitiendo a los balseros escapar en medio de la trifulca.

"Los saurios actuales, aun los más grandes y temibles caimanes y cocodrilos, no son más que débiles miniaturas de sus padres de las primeras edades del mundo". (Cap. 33)

Olvida el autor mencionar el dragón de Komodo, un lagarto varánido gigante superviviente de la era de los dinosaurios, que aún vive hoy en Komodo y otras pequeñas islas cercanas del archipiélago de la Sonda, en Indonesia. Puede llegar a los tres metros de largo, pesar hasta 135 kilos y vivir más de cien años. Estos saurios se alimentan de carroñas de cabras y otros animales, pueden llegar a canibalizarse entre sí, y a veces atacan a los humanos, siendo extremadamente peligrosos, al ser capaces de correr a gran velocidad e incluso de trepar a árboles. Las heridas producidas por sus dientes o garras provocan infecciones en sus presas. Podrían estos dragones ser dignos rivales de los velocirraptors de 'Parque Jurásico', sólo que en este caso los monstruos no son virtuales, sino muy reales.

 

komodoensis

Tampoco menciona Verne las iguanas y los lagartos iguánidos, bestias más pacíficas pero de aspecto más temible aún, con sus arrugas escamosas, sus erizadas crestas y su aspecto de punkies del terciario (bien lo supo ver Ray Harryhausen, que los contrató para sus efectos especiales en el film).
Sueño, alucinación o realidad, los dinosaurios han hecho su aparición. Estaban allí. Enterrados en el subsuelo. Pero enterrados vivos.
No podemos evitar que nos vengan a la memoria las aventuras de otro expedicionario de la estirpe de Lidenbrock: el impetuoso profesor Challenger, que después de Sherlock Holmes es el personaje más logrado de la literatura de Arthur Conan Doyle. También Challenger descubre en 'El mundo perdido', en una alta meseta de las selvas meridionales de Venezuela, un reducto aislado en el espacio, suspendido en el tiempo, ajeno al transcurrir de las eras geológicas, donde las especies antediluvianas no se habían extinguido. El dinosaurio estaba allí.


Ornitopodo IcnitaPero no hay que remontarse a mundos perdidos para detectar la presencia de los dinosaurios. Cerca de nosotros abundan sus huellas. ¿Quién no se estremece al ver, por ejemplo, las enormes improntas petrificadas de pies tridáctilos de distintas especies de dinosaurios que se hallan por doquier en los campos de La Rioja Baja, o de las Tierras Altas de Soria, donde hasta se puede seguir la trayectoria de sus zancadas en largos tramos de pisadas? El dinosaurio estaba allí. ¿Pero está extinguido del todo?

Hablar de fauna del terciario viviendo bajo tierra parece cosa de ficción, fantasías vernianas, pero el asunto no se puede zanjar tan fácil. Hay un hecho. El mundo subterráneo no está ni muerto ni desierto. Al contrario, está plagado de animales muy poco conocidos, y muchos aún por conocer.

 

valvasorProteus grabado

 

protee grandYa en 1689, Valvasor había descubierto el proteo (proteus anguinus) en las grutas de Carniole, una especie de salamandra ciega que tiene la proteica capacidad de cambiar de color para mimetizarse según los diferentes entornos, pudiendo hasta hacerse transparente. Hace no tanto se han detectado en la ya mentada Sima de San Martín ejemplares de coleópteros autóctonos procedentes de la era terciaria, es decir, coetáneos de los tiranosaurios y diplodocos, auténticos fósiles vivientes que están esperando una investigación a fondo. Además de los consabidos murciélagos, en lo profundo de las cuevas viven escarabajos, arácnidos, bacterias, larvas, mosquitos, colémbolos, peces, reptiles... ¿Qué más hay ahí dentro?

Durante su travesía en balsa, los navegantes empiezan a oír un ruido lejano. Axel cree hallarse en presencia de otro monstruo, que en el horizonte va tomando la forma de una descomunal ballena que parece lanzar un chorro de vapor por su lomo.

"El mugido parece provenir de una cascada lejana [...] el monstruo debe ser de un tamaño sobrenatural [...]. Me sobrecoge el terror. ¡No quiero ir más lejos!"

(Cap. 34)

Ballena Julio Verne

Nueva alucinación. La ballena es en realidad una isla, y el chorro, un geyser de aguas calientes. El clásico tema de la isla que se convierte en ballena – ej: las aventuras de Simbad el Marino – se invierte aquí con una ballena que se transforma en isla.


El surtidor de aguas termales parece dar la razón a Axel en el tema del calor central del Globo. El agua sale, pues, de un foco ardiente, en singular contradicción con las teorías del profesor Lidenbrock. No me puedo impedir hacérselo notar.

"– Y ¿qué es lo que eso prueba contra mi doctrina?
– Nada – le respondo, en un tono seco, al ver que tengo que hacer frente a una testarudez absoluta".

(Cap. 34)

A lo que Axel llama testarudez absoluta podría muy bien llamársele tenacidad. La tenacidad que a él mismo le falta. Sin la perseverancia de Lidenbrock, sostenida contra viento y marea, hace tiempo que hubieran abandonado el viaje. Sin ese empeño sobrehumano sería imposible llegar a la meta. 'Viaje al centro de la Tierra' es la epopeya de la voluntad y el esfuerzo del hombre por alcanzar su destino último.
 

 

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