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LAS LECCIONES DE ABISMO DEL PROFESOR VERNE (II)
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LAS LECCIONES DE ABISMO DEL PROFESOR VERNE (II)

Mundus Subterraneus Viernes, 19 Diciembre 2008 14:37

 

 

Llegando al volcanLecciones I a IV


"¿Alguien ha visto el interior profundo de la Tierra? ¿Existe alguna muestra de lo que allí se esconde? Por supuesto que hay teorías científicas al respecto sólidamente argumentadas, pero no dejan de ser eso: teorías, hipótesis a confirmar, y en este caso estamos prácticamente igual que en tiempos de Verne. Es mucho más lo que ignoramos que lo que conocemos de las entrañas del Globo. Fuera teorías. Fuera excusas. Son los hechos los que cuentan. Las pruebas empíricas. Y el profesor Lidenbrock está dispuesto a aportarlas en su propia persona, y en la de su sobrino, que oficiará de testigo y cronista".

Eneko Pastor inicia las lecciones que nos guiarán a través de las páginas inmortales de la obra más espeleológica de Julio Verne

 

 

Islandia

Islandia. Localización del volcán SneffelsSnefells

 


 

Volcán Sneffels 

 

LECCIÓN I: ¡AL DIABLO CON LAS TEORÍAS!

"Axel: – Es sabido que el calor aumenta en casi un grado por cada setenta pies de profundidad bajo la superficie del Globo. Ahora bien: admitiendo que esta proporcionalidad se mantenga constante, dado que el radio terrestre mide mil quinientas leguas, la temperatura existente en el centro debe ser superior a doscientos mil grados. Las materias del interior de la Tierra se hallan, pues, en estado de gas incandescente, ya que ningún metal, ni el oro, ni el platino, ni las más duras rocas resisten a tal temperatura.
[...]

– He aquí lo que yo decido – replicó el profesor Lidenbrock, recuperando sus aires de suficiencia –. Decido que ni tú ni nadie sabe con certeza lo que hay y pasa en el interior del Globo, habida cuenta que apenas se conoce la doceavamilésima parte de su radio. Decido que la ciencia es eminentemente perfectible, y que cada teoría viene siendo incesantemente destruida por una teoría nueva".

( Cap. 6)

¿Y quién podría negar que el profesor tiene aquí toda la razón? ¿Alguien ha visto el interior profundo de la Tierra? ¿Existe alguna muestra de lo que allí se esconde? Por supuesto que hay teorías científicas al respecto sólidamente argumentadas, pero no dejan de ser eso: teorías, hipótesis a confirmar, y en este caso estamos prácticamente igual que en tiempos de Verne. Es mucho más lo que ignoramos que lo que conocemos de las entrañas del Globo. Fuera teorías. Fuera excusas. Son los hechos los que cuentan. Las pruebas empíricas. Y el profesor Lidenbrock está dispuesto a aportarlas en su propia persona, y en la de su sobrino, que oficiará de testigo y cronista.

Axel es el personaje con el que se identifican los lectores del libro. Sus inquietudes, sus pesadillas, sus objeciones, son las que nosotros tendríamos puestos en su lugar. Como narrador en primera persona de la crónica del viaje, ejerce de ojos y oídos para el lector, y le hace sentir lo que se siente al internarse por los extraños mundos del submundo. Pero Axel es también el neófito. El personaje que simboliza al novicio en el rito de iniciación. Cuando parte muy a su pesar rumbo al interior del Globo es todavía un adolescente lleno de remilgos y temores, que nada importante ha realizado en la vida. Cuando regrese será un hombre hecho y derecho, curtido en mil peligros, curado de todo espanto, y habrá acumulado en su haber suficientes proezas como para hacerse verdaderamente merecedor de la mano de Grauben, la ahijada del profesor. Será, en definitiva, un hombre nuevo. Un iniciado.

 

Si al comienzo de la aventura Axel pensaba que ir al centro de la Tierra era cosa de locos, al final le oiremos exclamar, poseído ya de la embriaguez de las profundidades: "¡Ah! ¡Qué viaje! ¡Qué maravilloso viaje!". Y recogerá la antorcha del profesor, y se contagiará de su monomanía –como Sancho Panza se contagia del idealismo de Don Quijote–, superándole al final en ardor y coraje, soltando el lastre de sus prejuicios y miedos, y siendo el primero en abrir brecha para proseguir la expedición.

La acción de Viaje al centro de la Tierra arranca cuando el profesor Lidenbrock descubre entre las páginas de un antiguo libro un pergamino manuscrito del siglo XVI. El manuscrito está caligrafiado en letras rúnicas, y Lidenbrock se quema las meninges para intentar descifrarlo, sin conseguirlo. Es Axel, significativamente, quien lo logra, con la decidida intervención del azar. Al mirar eventualmente a trasluz el papel, se percata de que las letras están en realidad invertidas en simetría especular, como hacía Leonardo da Vinci al escribir sus códices de derecha a izquierda, de forma que era menester leerlos reflejados en un espejo (en Alicia a través del espejo sucede algo parecido). Per speculum in ænigmate, que diría Pablo. Se pueden detectar en este episodio reminiscencias de El escarabajo de oro de Poe, relato en el que la minuciosa decodificación de un mensaje cifrado da las pistas para descubrir un tesoro.

Los caracteres eran runas, el idioma era el latín, la firma era de Arne Saknussemm, un célebre alquimista islandés del siglo XVI cuyas obras habían sido quemadas por heréticas (y para el que Verne se inspira en un personaje real: Arne Magnusson, 1663-1730, nacido en Islandia y divulgador de las sagas nórdicas), y el contenido era el siguiente:

 

Viaje centro runas

"Desciende por el cráter de Jokull de 

Sneffels que la sombra de Scartaris
acaricia antes de las calendas de Julio,
viajero audaz, y llegarás al centro
de la Tierra. Es lo que yo hice". 

                                  Monte Jokull                                         Arne Saknussemm.

( Cap. 5)

¡Qué tentadora invitación a la aventura! Un pico de Islandia, el Scartaris, proyecta en el solsticio de verano su sombra sobre uno de los varios cráteres de un volcán apagado, el Sneffels, identificándolo como la puerta de entrada a un túnel que conduce hasta el mismo centro de la Tierra. Y alguien, que ha hecho previamente ese viaje alucinante, nos invita a repetir sus pasos.

 

Scartaris y okull sneffelsScartaris y Jokull en Invierno


Como en todo rito de iniciación, el neófito parte del desciframiento de un criptograma sagrado, de un enigma o acertijo que es la llave para entrar en el otro mundo. Los caracteres son rúnicos, es decir, sacros, por haber sido "inventados por el mismo Odín", "surgidos de la imaginación de un dios", según comenta el profesor. Aunque el mensaje sea confuso, como ocurre con todos los oráculos, el hecho de que Axel haya dado con la clave para descifrarlo le designa como elegido.

A partir de la revelación del mensaje, el profesor Lidenbrock no pierde un segundo en poner manos a la obra, adquirir billetes de barco, preparar el voluminoso equipaje, y arrastrar a su sobrino en la aventura. Pues quedan pocas semanas para las calendas de julio y la travesía hasta Islandia, vía Copenhaghe, será larga. Pero antes, debe cumplirse otro de los requisitos de todo ritual esotérico de iniciación: la promesa por parte del neófito de guardar el secreto.

"– Ante todo – prosiguió – , debo recomendarte el más absoluto secreto, ¿me oyes? No carezco de envidiosos en el mundo de los sabios. Y son muchos los que querrían emprender este viaje, del que no deben tener noticia hasta nuestro regreso.

–¿Realmente cree usted que serían muchos los audaces que osaran emprenderlo?

– Sin duda. ¿Quién vacilaría en conquistar tan alta gloria?"

Al final del capítulo, el profesor reitera su advertencia:

"– Pero silencio, ¿oyes?; silencio sobre todo esto, para que a nadie se le ocurra la idea de descubrir antes que nosotros el centro de la Tierra."

(Cap. 6).


LECCIÓN II: ¿POR QUÉ IMPOSIBLE?

El profesor Lidenbrock explica a Axel sobre un mapa de Islandia los pormenores de su plan de viaje. Le señala el volcán Sneffels:

 

Mapa del siglo XIX del Oeste de IslandiaMapa de Islandia s 19. El volcán Sneffels se aprecia en la península (parte superior izquierda.)

 

" – El mismísimo Sneffels. Una montaña de cinco mil pies de altitud (1.620 metros), una de las más notables de la isla, y la que, con toda seguridad, será la más célebre del mundo entero si su cráter conduce al centro del Globo.

– Pero ¡eso es imposible! – exclamé, encogiéndome de hombros, en abierta rebelión contra tan descabellada suposición.

– ¿Imposible? – dijo severamente el profesor –. Y ¿por qué imposible?

– Porque, evidentemente, este cráter ha de estar obstruido por las lavas, por las rocas ardientes y...

–¿Y si es un cráter apagado?

(Cap. 6).

La tesis de Lidenbrock es que "cuando en los primeros días del mundo la Tierra fue enfriándose poco a poco, la disminución de su volumen produjo en su corteza dislocaciones, rupturas, grietas y contracciones" (cap. 22), y no era imposible que pudiera haber entre ellas una fisura que permitiera sumirse en las más insondables profundidades del Globo.

Axel se resiste al proyecto con toda su capacidad dialéctica. Plantea dudas sobre la autenticidad del manuscrito, sobre lo oscuro de las referencias al Scartaris y las calendas de Julio.

"Luz es para mí lo que tú llamas oscuridad", le replica el profesor, y le argumenta su interpretación del mensaje con tanto detalle y tan convincentes razones que no le deja opción a dudas.

"– Bien. Obligado me veo a convenir en que la frase de Saknussemm es clara y disipa toda duda. Incluso estoy dispuesto a admitir la total autenticidad del documento. Y que Saknussemm llegó al fondo del Sneffels, que vio la sombra del Scartaris acariciar los bordes del cráter antes de las calendas de Julio. Asimismo, que oyera contar entre las leyendas de su tiempo la de que el cráter llegaba hasta el centro de la Tierra... Pero que él mismo llegara al centro del Globo, que hiciera ese viaje de ida y vuelta, si es que llegó a emprenderlo, eso ¡no! ¡Cien veces no!

– ¿Y por qué razón? – preguntó mi tío, en un tono singularmente burlón.

– Pues porque todas las teorías de la ciencia demuestran la imposibilidad de tal empresa.

– ¿Todas las teorías dicen eso? –respondió el profesor, adoptando un aire bonachón–. ¡Ah! ¡Las condenadas teorías! ¡Nos van a poner en un aprieto esas pobres teorías!

(Cap. 6).

Agotados todos los argumentos en contra, y como último recurso, Axel comunica a su prometida Grauben las intenciones de su tío, con la esperanza de que le disuada de tan disparatada empresa.

"Durante algunos instantes ella permaneció silenciosa. ¿Latía su corazón al compás del mío? Lo ignoro, pero su mano no temblaba en la mía. Anduvimos unos cien pasos sin hablar.

– Axel – me dijo, al fin.

– Dime, mi querida Grauben.

– Será un viaje magnífico.

Sus palabras me sobresaltaron.

– Sí, Axel; un viaje digno del sobrino de un sabio. Es bueno que un hombre se distinga por la realización de una gran empresa."

(Cap. 7).

El novicio no ha tardado ni tres páginas en incumplir su promesa de silencio. Pero el tiro le sale por la culata, pues su amada, lejos de horrorizarse, le anima a embarcarse en la aventura. Incluso asegura que "yo os acompañaría muy gustosamente, si una muchacha no fuera para vosotros un estorbo". Tomémonos con humor esta observación de la chica, que rechinará a los oídos de más de una intrépida deportista de hoy en día, capaces como son de dejarnos muy atrás a muchos hombres en temas como la espeleo, la escalada, el buceo, el rafting, el puenting o cualquier actividad de riesgo que se les ocurra. Y recordemos que en tiempos de Julio Verne (la novela es de 1864) la población de sexo femenino estaba fuertemente mediatizada por muchos y muy diversos corsés sociales. Una mujer entrando en una sima sería algo impensable.

 

Fotograma film

En Hollywood sí que se lo pensaron, y tuvieron la ocurrencia (star system obliga) de meter con calzador un elemento femenino en la aventura, una señora talludita entrada en años que se apunta al Viaje al centro de la Tierra contra la voluntad de Lidenbrock, empeñada en ir detrás del profesor, aunque sea hasta el fin del mundo, para cazarlo como marido, y que con su torpeza les va creando complicaciones y situaciones jocosas. Cuando la señora se queja del extremado calor que hace allí dentro, Lidenbrock / Mason le espeta:

–Pues quítese ese corsé.

Nada de esto sucede en la novela, en la que, como es habitual en las ficciones de Verne, los héroes de acción son siempre masculinos, mientras que las protagonistas femeninas adoptan un rol más pasivo, por lo general el de la mujer que, como Penélope, espera en el hogar el regreso del héroe tras su aventura.

"¡Ah! ¡Mujeres –piensa Axel–, muchachas, corazones femeninos siempre incomprensibles! [...] ¡Cómo! ¡Esta chiquilla me estimulaba a participar en tal expedición! ¡Y ella misma no hubiese temido intentar la aventura! ¡Y me instigaba a mí a emprenderla, a mí, a quien, sin embargo, amaba!"

(Cap. 7).

Axel, desesperado y confuso, aún confía en que su novia se lo piense mejor, pero Grauben por el contrario se va entusiasmando con la idea, y por la noche termina por insinuar a Axel lo que ella espera de su prometido. Que deje de ser un chiquillo y se convierta en un hombre de verdad. Si tal sucede, ella le ofrecerá la recompensa de su amor y su entrega.

"– ¡Ah, mi querido Axel, qué hermoso es sacrificarse así por la ciencia! ¡Y qué gloria espera al señor Lidenbrock y a su compañero! Al regreso, Axel, serás un hombre, su igual, libre para hablar, libre para actuar; libre, en fin, para...

La joven, ruborizada, no terminó su frase."

(Cap. 7).

"Durante la noche me sobrecogió de nuevo el terror. La pasé soñando en precipicios. Era presa del delirio. Me sentía agarrado por la vigorosa mano del profesor y arrastrado, despeñado, hundido. Caía al fondo de insondables precipicios con la velocidad creciente de los cuerpos abandonados en el espacio. Mi vida era una caída interminable".

(Cap. 7).


LECCIÓN III: VENCER EL VÉRTIGO

La fase siguiente en todo ceremonial iniciático es la de la preparación del novicio al trance. En su acercamiento a Islandia, los personajes han de hacer etapa en Copenhaghe para embarcar desde allí hacia la isla, y Lidenbrock aprovecha la ocasión para ir entrenando a su sobrino y mentalizándole a lo que le espera. Al profesor no se le ocurre mejor cosa que combatir el vértigo a las alturas por el tratamiento de choque de escalar a lo alto de los campanarios de las iglesias que van encontrando por el camino.

El campanario"[...] llegamos ante Vor-Fresers-Kirk. Nada de particular ofrecía esta iglesia. Pero la razón de que su muy elevado campanario hubiese atraído la atención de mi tío era la de que, a partir de la plataforma, se desarrollara una escalera exterior en torno a la torre, con sus espirales al aire libre.

– Subamos –dijo mi tío.
– Pero... nos dará vértigo, tío.
– Razón de más; hay que acostumbrarse.
– Pero...
– Ven, no perdamos más tiempo".

(Cap. 8).

El entrenamiento, la preparación física, el aprendizaje de las técnicas de escalada, son condiciones de obligado cumplimiento para todo aquel que se dedique a visitar cuevas. Pues los caprichos de la naturaleza no están hechos para complacer los caprichos del hombre, y éste se encontrará más de una vez en las cavernas con obstáculos insalvables, pozos, simas y abismos cuyo fondo se pierde en tenebrosas negruras, a los que sólo asomarse corta la respiración y encoge el ánimo del individuo más templado. Pero la mayor parte de las veces no queda otro remedio que superar ese vértigo, ese atenazante terror al abismo, si se quiere proseguir la exploración de la cueva.

Por eso lo común es que quien practica espeleo practique también la escalada, el barranquismo y otras modalidades de deportes de naturaleza, con el fin de adiestrarse a la luz del día en las dificultades y asperezas con que se encontrará en las oscuridades del mundo subterráneo. Por nuestra parte acostumbramos hacer entrenamientos en paredes rocosas y barrancos, que abundan en nuestras tierras. Trepamos y destrepamos farallones. Hacemos descenso de cañones, como el de Otín en la Sierra de Guara (Huesca), el barranco de la Sierra de Navascués, o el cañón de Arteta, ambos en Navarra. Este último cañón requiere empezar con un rappel en vacío de unos 30 metros, mientras cae una cascada de agua helada sobre nuestras cabezas (una buena ducha para comenzar el día, que nos deja ateridos pero despejados para el resto de la excursión), continuar, a veces con cuerdas, a veces a nado, por una sucesión de cascadas y lagunas que se encajonan en Artetaprofundos meandros a los que apenas llega el sol, y que se asemejan a los túneles de una cueva, para terminar en un vertiginoso rappel volado en extraplomo sobre el valle, de más de 40 metros de caída (altura equivalente a la de un edificio de trece pisos). Los que padecemos de vértigo comprendemos muy bien, y por propia experiencia, lo que siente Axel en estos bretes.

Cañón de Arteta o Artazul, rappel final

 

"Forzoso fue seguirle, agarrándome como podía. El viento me aturdía. Sentía oscilar el campanario bajo las ráfagas. Me huían las piernas, y debí trepar, a gatas primero y luego de bruces, con los ojos cerrados, mareado por el vértigo.
Al fin mi tío, asiéndome del cuello de la camisa, tiró de mí, y así llegué cerca de la bola que corona el campanario.
– Mira – me dijo – , y mira bien. ¡Hay que tomar lecciones de abismo!"

(Cap. 8).

Este episodio nos trae a la memoria la imagen de James Stewart subido a lo alto de un campanario para vencer su acrofobia en la escena final de Vértigo (De entre los muertos) de Hitchcock. Hemos de confesar que nuestras lecciones de abismo nos ayudan a curtirnos y coger soltura en el manejo de cuerdas y chismes de escalada, pero que hasta ahora no han logrado curarnos a algunos de nosotros del vértigo, esa irracional y mareante sensación que nos paraliza todos los miembros del organismo cuando nos arrimamos a un precipicio. Bajaremos la sima porque no tenemos otra opción, pero el instante de asomar el cuerpo para colgarlo del abismo será siempre un momento tan angustioso como la primera vez. Igual le ocurrirá a Axel a lo largo del viaje, pese a todos sus ejercicios.

"– Mañana lo repetiremos – dijo mi profesor.
Y, en efecto, cinco días hube de repetir este vertiginoso ejercicio, con lo que llegué a hacer sensibles progresos en el arte de 'las altas contemplaciones'.

(Cap. 8).

LECCIÓN IV: EL RETORNO ES LO DE MENOS

Vista de ReykjawikProfesor y alumno desembarcan en Reykjavik, capital de Islandia. Nada más llegar y descargar sus equipajes, cuya cantidad y volumen sorprenden a los habitantes del lugar, mantienen el siguiente diálogo:

"– Bueno, Axel – dijo mi tío –. Esto va bien. Lo más difícil está ya hecho.
– ¿Cómo? ¿Lo más difícil?
– Sin duda, ya no nos queda más que descender.
– Si se lo toma usted así, tiene razón. Pero, digo yo que después de bajar tendremos que subir, ¿no?
– ¡Oh! Eso es lo que menos me preocupa".

(Cap. 9).

¡Así habla un espeleólogo! Mientras que a todo novel lo que más le preocupa de un viaje es asegurarse el regreso, al verdadero viajero no le preocupa más que llegar a su destino.

Echemos un vistazo al voluminoso equipamiento que se ha procurado Lidenbrock para la expedición:

Brujula"termómetro, manómetro, dos brújulas de inclinación y de declinación, un anteojo de noche, dos aparatos de Ruhmkorff que, mediante una corriente eléctrica, dan una luz muy portátil y segura (contienen una pila Bunsen activada por medio de bicromato de potasa que no desprende ningún olor, no se apaga bajo el agua y no explota con gases inflamables como el grisú; este tipo de linterna ilumina muy eficazmente en las más profundas oscuridades), armas de fuego, dos picos, dos azadones, una escala de seda, tres bastones con puntas de hierro, un hacha, un martillo, una docena de cuñas y armellas de hierro, y largas cuerdas de nudos. Un paquete de víveres no demasiado grande, con carne concentrada y galletas en cantidad suficiente para seis meses. El líquido se reducía a una provisión de ginebra. No llevábamos agua, pero teníamos cantimploras, y mi tío contaba con las fuentes para llenarlas".

(Cap. 11)

El profesor no había echado en olvido un botiquín portátil, con tablillas para fracturas, vendas, esparadrapos... cosas todas de mal augurio, amén de frascos con dextrina, amoníaco, alcohol, éter, "drogas todas ellas de utilización poco tranquilizadora". Una provisión de tabaco, pólvora y yesca, y un cinturón de cuero en el que guardaba su dinero. Seis pares de botas impermeabilizadas.

linterna antiguaLlama la atención el hecho de que Verne se olvide en su inventario de un elemento imprescindible en la exploración de toda caverna: el casco, que protege de los golpes las cabezas de los expedicionarios. Si algo no escasea en una cueva son los coscorrones. Lo de las lámparas de Ruhmkorff, a juzgar por las cualidades descritas, parece un gran invento: linternas eléctricas, décadas antes de patentarse la bombilla. Pero, ¿qué ha sido del invento? Por lo que cuenta Verne, constituirían un mejor sistema de iluminación que los aparatos de acetileno que llevamos este siglo los que entramos a cuevas. Al menos no despedirían tan mal olor.

Resulta curioso también que sea mayor la provisión de ginebra que la de agua para el viaje. Confiar en que la naturaleza proveerá del líquido elemento en las cuevas es desconocer el carácter esencialmente imprevisible de las mismas, donde lo mismo podemos encontrar arroyos, ríos y lagos subterráneos, que kilométricas galerías fósiles sin el menor rastro de agua, filtrada como se ha ido por grietas y sumideros rumbo al centro de la Tierra. Los viajeros de la novela pagarán caro este error de cálculo.

HansEn Reykjavik, el profesor contrata a un nativo islandés como guía. Es un mocetón campesino llamado Hans, experto cazador; su personaje será el que complete el trío de expedicionarios al centro del Globo. Impasible, lacónico hasta la exasperación, Hans no se plantea el mañana, y acepta en cada momento las vicisitudes que le depara el destino, sin quejarse, y con un encomiable espíritu de cooperación.

"Esta fue la ocasión escogida por mi tío para informar al cazador que su intención era la de proseguir el reconocimiento del volcán hasta sus últimos límites.
Hans se limitó a inclinar la cabeza en señal de asentimiento. Él no veía ninguna diferencia entre ir acá o allá, entre recorrer la isla o hundirse en las entrañas de la misma".

(Cap. 14)

Si hay que ir al centro de la Tierra, se va. No hay problema, con tal de que le vayan pagando el salario semanal acordado (cosa que Lidenbrock se encargará de hacer religiosamente cada sábado, aunque lleven ya meses perdidos en los abismos bajo tierra).

El profesor contrata también a tres islandeses como porteadores. Pero sólo para trasladar los pesados bultos hasta el cráter del volcán. Una vez allí, los despide. En la ceremonia no debe haber testigos.


Verne describe las sucesivas etapas de la aproximación al volcán Sneffels, pintando con certeras pinceladas el paisaje y el paisanaje de Islandia, para lo cual se había documentado epistolarmente con un colega geólogo islandés. La aproximación a la cueva forma parte importante del rito, la atmósfera se va cargando de ominosos presagios y hasta los paisajes parecen prefigurar lo que los audaces viajeros se van a encontrar dentro.

 

 

Fuente:

 

 

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