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LA GRUTA DE ANTÍPAROS, GRECIA (I)

Mundus Subterraneus Martes, 11 Noviembre 2008 20:27

 

 

antiparos Historia de una caverna a través de sus graffiti 

Con frecuencia, y en especial en los periodos de la historia donde el individualismo ha aflorado con mayor fortaleza, se manifiesta en los seres humanos la atracción del abismo...

Una caverna en particular, conocida desde la antigüedad, situada en la minúscula isla de Olíaros (Antíparos), perdida en el mar Egeo, - en el centro del archipiélago de las Cícladas, junto a Paros, su hermana mayor -, representa como ninguna otra la ambigua atracción del abismo que hombres de todas las épocas ejercitaron en ella: la gruta de Antíparos. En las líneas que siguen, vamos a contar su fascinante historia a través de documentos escritos, y otros que se conservan in situ, como inscripciones o graffiti pintados o grabados en sus profundidades.

 

 Antiparos grabadosCon frecuencia, y en especial en los periodos de la historia donde el individualismo ha aflorado con mayor fortaleza, se manifiesta en los seres humanos la atracción del abismo.

Ese concepto, de origen romántico, evoca el anhelo o la necesidad de una confrontación, - por propia voluntad elegida -, con los peligros, misterios y fuerzas de la naturaleza, de cuya superación, a modo de catarsis, resultaría la autoafirmación del individuo en el mundo.

 

A lo largo de los tiempos, la exploración de las cavernas profundas, - el descenso a los infiernos de los clásicos -, ha supuesto una de las mayores demostraciones de valor de aquellos iniciados que se atrevieron a desafiar a la naturaleza, - y muchas veces a las creencias y prejuicios de la sociedad y de la época en que vivieron -, armados con poco más que antorchas o primitivas cuerdas y escalas.

 

Esos exploradores, visitantes, o curiosos de las cavernas necesitaron dejar pruebas de sus incursiones, memoria en forma de grafías en paredes y recovecos, para que nadie dudase de la autenticidad de sus hazañas, y de este modo, nacieron las inscripciones y los graffiti, (o por lo menos, un cierto tipo de graffiti) , que tienen una historia tan antigua como la civilización..., o, incluso, mayor: ¿cuántos signos y trazos indescifrables, admirados en las cuevas prehistóricas, podrían ser explicados de este modo?

 

Graffitti "Graffitti en la Cueva de Antíparos". Imagen de Philoye

 

Hoy en día, el graffiti, omnipresente en las fachadas de los edificios de nuestras ciudades, convertido en una moda y un modo de expresión de la cultura urbana juvenil en Occidente, ha sido con frecuencia denostado, pero esto no fue siempre así en el pasado. Muy al contrario, es común encontrar en los monumentos antiguos o en las cavernas inscripciones, frases conmemorativas, nombres o fechas de visita, - cuidadosamente grabadas o pintadas, en su mayoría -, de viajeros, artistas, científicos, militares, políticos, nobles y... ¡hasta reyes y emperadores! , junto a otros realizados por personas perfectamente anónimas.

 

Foto aerea

 Una caverna en particular, conocida desde la antigüedad, situada en la minúscula isla de Olíaros (Antíparos), perdida en el mar Egeo, - en el centro del archipiélago de las Cícladas, junto a Paros, su hermana mayor -, representa como ninguna otra la ambigua atracción del abismo que hombres de todas las épocas ejercitaron en ella: la gruta de Antíparos. En las líneas que siguen, vamos a contar su fascinante historia, - sus historias - a través de los documentos que se conservan in situ, como inscripciones o graffiti pintados o grabados en sus profundidades.

 

Entrada CuevaLa gran gruta de Antíparos se abre en lo alto de la colina de Agios Ioannis (San Juan) a 177 m. de altitud sobre el mar resplandeciente, y a 8 Km. de Kastro, la pequeña población de la isla. En la actualidad, los visitantes que cada verano en gran número trasiegan la cueva, pueden ver, - antes de sumirse en su atmósfera lóbrega y fresca -, cobijarse una diminuta capilla ortodoxa dieciochesca, consagrada a San Juan Spiliotis, bajo el anchuroso pórtico de hundimiento, (de 20 m. de anchura por 8 de altura).

 

Una vez dentro, una interminable escalera de cemento de 411 escalones, los conducirá hasta el piso de la sala inferior, (de 95 m. de longitud y 30 m. de anchura), dividida por grandes masas de espeleotemas y desplomes. La altura de la bóveda se eleva allí hasta los 25 m. En el fondo, a más de un centenar de metros de profundidad, quizá el visitante no avisado se sorprenderá al descubrir gran Entrada 2cantidad de graffiti decorando estalactitas, estalagmitas y coladas. Se refieren la mayoría a nombres y fechas del siglo XIX, pero... ¿existen documentos más antiguos? ¿quién fue el primer visitante que dejó su tarjeta de visita en la Cueva de Antíparos?

 

Difícil tarea sería encontrar una respuesta en cualquier otra caverna, mas no así en la gruta de Antíparos. Es cierto que la cueva era ya ocupada en tiempos prehistóricos, dato atestiguado por el hallazgo de cerámica arcaica, geométrica y clásica en excavaciones arqueológicas. Sin embargo, el primer personaje histórico conocido que dejó grabado su nombre, Archilochos, en la roca interior de la gruta fue un poeta lírico arcaico.

 

ARQUÍLOCO DE PAROS, MERCENARIO Y POETA

Podemos seguir con la imaginación a Arquíloco, que era natural de la vecina Paros, cruzando el somero canal de una milla de anchura que separa las dos islas en una embarcación ligera para, acometer - ayudado por cuerdas y antorchas -, la exploración de la gran caverna. Si el impulso para esta aventura fue juvenil, o bien sucumbió a ella siendo ya soldado, en un paréntesis entre sus campañas, lo ignoramos. Fue, a la vez que poeta, el primer hombre de armas que visitó la cueva, inagurando una tradición que se mantendrá vigente casi hasta nuestros días.

En este remoto periodo de la Grecia arcaica, todavía en formación, e inmersa en el mundo idealizado y heroico de la poesía homérica, sorprende encontrar a un anti-héroe como Arquiloco...

 

Arquiloco"bastardo, mercenario, soldado de fortuna más pragmático que valeroso, enófilo, cínico, provocador, pendenciero, seguramente camorrista, difamador, fieramente enamorado, todo pasión. Una joya de poeta, vaya. Personalísimo".

(Ricardo L. Rodríguez)


...que se nos antoja de una extremada modernidad:

 

"Arquíloco fue el primer escritor europeo que hizo de sus experiencias y sentimientos personales el tema principal de sus poemas y puede ser llamado el creador del individualismo en la literatura. En contraste con la épica, pone en primer plano su propio yo. Ni sus sentimientos ni su lengua tienen freno alguno, lo cual puede ser un reflejo del naciente individualismo del s. VII"

(L. Zaragoza Botella)

 

Según Critias, era hijo del aristócrata Tenesicles y de Edipó, su esclava, y fue muy censurado en vida por sus poco edificantes acciones y por su carácter. Se le atribuyó la participación en la vergonzosa emigración de los parios para colonizar la isla de Tasos, en busca de tierras cultivables y la cercanía del litoral de Tracia, donde existían zonas auríferas, - todo ello a costa del exterminio de sus habitantes naturales -. El acontecimiento fue calificado como "la miseria de toda Grecia" por el propio poeta.

 

Otro asunto turbio fue la difamación del noble Licambes, en venganza por negarle el permiso para casar con su hija Neóbula. Como consecuencia del deshonor, padre, hija y otra hermana, - que al parecer el poeta habría utilizado tambien para consumar su venganza -, se suicidaron (estos hechos, sin embargo, se consideran hoy como legendarios).

 

De su obra, sólo han llegado hasta nosotros pequeños fragmentos dispersos de copias en papiro. Son de gran potencia y realismo expresivo los que relatan sus experiencias guerreras, y de no menor calidad, sus poemas líricos y yámbicos, con una particular acentuación, que se recitaban acompañados de ciertos instrumentos musicales. Aquí os dejo una muestra:

 

"Corazón, corazón, por irremediables heridas turbado,
¡levántate!, ¡defiéndete de tus oponentes ofreciéndoles de frente
el pecho! En emboscadas de enemigos resiste
con firmeza. Y, si vences, no te ufanes públicamente;
ni, si eres vencido, en casa derrotado te lamentes.
Con las alegrías ríe y con las desgracias llora,
pero no demasiado. Debes conocer el ritmo que gobierna al ser
humano".

(Traducción de Ricardo L. Rodríguez)


Su última batalla fue en la defensa de Paros contra la invasión de los naxiotas, donde encontró la muerte en combate. Como suele suceder, tras su desaparición disfrutó de gran popularidad y se levantó en su honor un monumento funerario con una inscripción - hallada recientemente en la excavación de una basilica paleocristiana en Paros -, que demuestra el afecto de sus conciudadanos hacia él: el anti-héroe, una vez más, se había convertido en héroe.

 

UN REFUGIO DE CONSPIRADORES

Una arraigada tradición local atribuye los nombres que aparecen en una antigua inscripción en la entrada de la Caverna como pertenecientes a un grupo de conspiradores contra la vida de Alejandro Magno, encabezados por el general macedonio Antípater (Antípatro).

 

Joseph Pitton de Tournefort, botánico francés al servicio del rey Sol, que visitó la cueva en Agosto de 1700, en su obra "Relation d'un voyage du Levant", nos da interesantes detalles sobre esta cuestión:

 

AntiparosCave1717

   "Caverne de la Grotte d'Antíparos". Imagen de: Claude Aubriet, 1717. Biblioteca Nacional Francesa (BNF)

 

"Una caverna rústica se encuentra en su cima, [...] cubierta por un arco abovedado. Su boca está partida en dos por algunos pilares naturales, el más grande de los cuales, que parece una torre encajada en el frente de la caverna, contiene una inscripción muy antigua y deteriorada: hace referencia a algunos nombres propios que las gentes del país, según la tradición, creen que son los nombres de los conspiradores envueltos en un intento de atentado contra la vida de Alejandro Magno, los cuales, habiéndose descubierto sus planes, vinieron a refugiarse en la gruta.

Entre esos nombres es el de Antípater el favorito en la tradición de los griegos. Diodoro de Sicilia asegura que algunos historiadores habían acusado a Antípater de la muerte de Alejandro [...]"

( Pitton de Tournefort, J.: "Relación de un viaje hacia el Levante, hecho por orden del rey", 1717, pag .187)

 

y prosigue un poco más adelante:

 

"Nosotros no pudimos leer más que una parte de la inscripción, mas nos fue facilitada entera por un burgués del lugar que guardaba una copia: él nos aseguró que había sido descifrada por un hombre más hábil que nosotros que pasó por Antíparos hace algunos años. He aquí lo que la inscripción contiene:

 

Inscripcion 1

(Bajo la Magistratura de Criton vinieron a este lugar...Menandro, Socarmo, Menecrates, Antipater, Ipomedon, Aristeas, Fileas, Gorgus, Diogenes, Filocrates, Onesimo.)

 

( Pitton de Tournefort, J.: "Relación de un viaje hacia el Levante, hecho por orden del rey", 1717, pag. 188 )

 

Finalmente, Tournefort aventura su propia hipótesis sobre la interpretación más razonable:

 

"Puede ser que esos fueran los nombres de los ciudadanos de la isla, que en tiempos en que Critón era magistrado, realizaron los primeros descensos y exploraciones de la gruta".

(Ibid)

 

LA MISA DEL GALLO DEL EMBAJADOR FRANCÉS

Durante el oscuro periodo medieval, las islas Cícladas y los demás archipiélagos del Egeo, pertenecerán sucesivamente al Imperio bizantino, a los venecianos, y finalmente, - conquistadas por una gran fuerza turca al mando de Lüfti Pasha y el legendario corsario Barbarroja -, pasarán a formar parte del Imperio otomano en 1537.

 

Turc Grec

 "Turc, Grec". Grabado de Claude Aubriet, 1717. BNF

 

Por tierra, la expansión de los jenízaros turcos amenazaba directamente a Occidente, ocupando sucesivamente Grecia, los Balcanes, Bulgaria y Hungría, hasta llegar a las puertas de Viena, el corazón de Europa. Pero la capital resistió los sucesivos asedios. La victoria de los aliados españoles y venecianos en la gran batalla de Lepanto en 1571 ( "la más alta ocasión que vieron los siglos", escribió el soldado Miguel de Cervantes, que perdió la mano en esa refriega), puso fín a la hegemonía naval turca en el Mediterráneo: el Imperio otomano iniciará, a partir de entonces, una larga decadencia.

 

No es sorprendente que el rey absolutista de Francia, Luis XIV, - el Rey sol, cuya célebre frase "el Estado soy yo", proclamaba la total concentración de poderes en sus manos - , enzarzado en contínuas guerras con sus rivales, los Absburgo de España y Austria por la hegemonía europea, buscara en el Levante, en el Imperio otomano, un aliado con el que contrarrestar el poder de sus enemigos.

 

Dibujo 1

 

Así, a partir del siglo XVI, se estableció una larga entente cordiale de la Monarquía francesa con el Gran Turco, que algún noble galo definió como "unión de la flor de lis y la luna en creciente". Esta unión se concretó en pactos de no agresión y tratados comerciales, aunque se tuviera buen cuidado en justificar ante la cristiana Europa que su propósito era la propagación del catolicismo en aquel Imperio islámico.

 

En este contexto geopolítico, la figura de los enviados del rey, los embajadores, adquirió gran relevancia. De ellos se esperaba la negociación de los tratados, la regulación del comercio y de las exportaciones francesas (que consistían principalmente en telas, porcelanas y artículos suntuarios), pero también el rastreo y la obtención, - ya fuera por adquisición o simple expolio -, de antigüedades arqueológicas y obras de arte valiosas, nada escasas en un Imperio que dominaba Grecia y Egipto, y por las que las monarquías europeas sentían una verdadera pasión.

 

En 1673, Charles François Ollier, marqués de Nointel, es comisionado por el rey, en calidad de embajador de Francia ante la Sublime Puerta, - que así es como se llamaba al gobierno turco, y por extensión, al Imperio otomano -, para la firma de la renovación de los tratados comerciales con el sultán Mehmed IV. La presentación ante el gran Visir, celebrada como era habitual en la Corte con gran pompa y boato, fue inmortalizada por el artista Jean-Baptiste Van Mour en varias obras.

 

Recepcion 1Versailles; musée national du château et des Trianons

A propósito de este pintor, debemos decir que fue el más destacado de un conjunto de artistas - con residencia en la propia embajada -, que el Marqués mantenía como una factoría encargada de ilustrar con imágenes los acontecimientos más notorios, personajes pintorescos, o paisajes de la ciudad de Estambul, para abastecer a la lejana Corte francesa. Naturalmente, los artistas siempre retrataban a sus diplomáticos en un plano de igual dignidad que sus poderosos anfitriones, - ya fuera el gran Visir o el mismo Sultán -, cuando en realidad debían demostrar su humildad, bien en las largas Recepcion 2esperas fuera de palacio para ser recibidos, bien en las tres postraciones prescritas contra el suelo en señal de sumisión. Tampoco era extraño que algunos embajadores fueran enviados a la prisión de las Siete Torres cuando se declaraba la guerra contra su país, como le aconteció al embajador de Venecia.

 

Ese mismo año, tras la firma del tratado (17 de Abril), y su ratificación (5 de Junio), el Marqués viaja, con un numeroso séquito, a una misión por las islas Cícladas (Naxos y Paros), en busca de las codiciadas antigüedades, sin encontrar gran cosa. Por último, ya acercándose la Navidad, decide pasar a Antíparos para conocer su famosa cueva, y esta visita marcará un hito en su historia, rescatándola, en cuanto a visitantes se refiere, de un largo letargo de siglos. Pitton de Tournefort lo resume con estas palabras:

 

"El señor de Nointel ha renovado la memoria de esta gruta. Las gentes del país mismo no osaban descenderla hasta que él llegó a Antíparos. Él los estimuló con sus larguezas"

( Pitton de Tournefort, J.: "Relación de un viaje hacia el Levante, hecho por orden del rey", 1717, pag. 194 )

 

Vue de Interieur de la Grotte


La caverna fue descendida con cuerdas, y escalas, y en su reconocimiento, el Marqués descubre un magnífico conjunto de estalagmitas de 8 m. de altura por 7 de anchura que inmediatamente llama Altar (Actualmente Agia Trapeza, en griego), pues ya ha decidido que, a falta de un templo apropiado, se celebre en ella la misa del gallo de Nochebuena:

 

Dimitris Greek"Al fondo de la gruta, a la derecha, se presenta una pirámide muy sorprendente, que se llama el altar A, después que el Marqués de Nointel hizo celebrar la misa en 1673. Esta pieza está toda aislada, de altura de 24 pies, semejante en cierta manera a una tiara, revestida de numerosos capiteles, acanalados en toda su longitud y sostenidos sobre sus pies de una blancura deslumbrante, lo mismo que el resto de la gruta. Esta pirámide es sin duda la más bella planta de mármol que se encuentra en el mundo"

( Pitton de Tournefort, J.: "Relación de un viaje hacia el Levante, hecho por orden del rey", 1717, pag. 192)

                                             Imagen de: Dimitris Greek


Una vez tomada esta decisión los preparativos para la ceremonia son febriles, porque hay que hacer descender y acomodar en la gruta a nada menos que... ¡500 personas!:

 

"El marqués de Nointel, Embajador de Francia en la Puerta pasó las tres fiestas de Navidad en esta gruta, acompañado de más de 500 personas, gentes de su séquito, mercaderes, corsarios y gentes del país que le habían seguido".

( Pitton de Tournefort, J.: "Relación de un viaje hacia el Levante, hecho por orden del rey", 1717, pag. 193)


Los problemas organizativos planteados por la celebración proyectada, constituían todo un reto: desde el simple abastecimiento de agua para los invitados...

 

"Estuvieron muy preocupados por hacer traer agua de la villa para abastecer a todo el mundo. Los capuchinos limosneros de su Excelencia no tenían la vara de Moisés. A fuerza de buscar encontraron una fuente a la derecha del monte en una pequeña cavidad donde el agua se concentraba en el hueco de las rocas"

( Pitton de Tournefort, J.: "Relación de un viaje hacia el Levante, hecho por orden del rey", 1717, pag. 194 )


...pasando por el acondicionamiento previo del altar en la cueva...


"En la base del altar hay dos semicolumnas sobre las cuales posamos las antorchas para iluminar la gruta y tomarnos un descanso. El señor de Nointel las hizo partir e hizo aplanar la mesa sobre la que se celebró la ceremonia"

( Pitton de Tournefort, J.: "Relación de un viaje hacia el Levante, hecho por orden del rey", 1717, pag. 192)

 

Sala del Altar... hasta la iluminación de la Sala y acomodación de los fieles...

 

"Cien gruesos cirios de cera amarilla y 400 lámparas que brillaban día y noche estaban tan bien dispuestas, que parecía más claro que la iglesia mejor iluminada.[...] Evitando situar a la gente en los espacios cercanos a los precipicios..."

( Pitton de Tournefort, J.: "Relación de un viaje hacia el Levante, hecho por orden del rey", 1717, pag. 193 )


... o cómo pernoctar en la cueva...

 

"El embajador durmió cerca del altar en una cámara de 7 u 8 pasos de longitud, excavada naturalmente en una de las gruesas torres de que hablamos. Junto a esta torre, se ve un agujero por donde se entra a otra caverna, mas nadie osa descender".

( Ibid)


Finalmente la misa del gallo se celebró con todo esplendor, realzada incluso por una pequeña orquesta que el Marqués había traído consigo, que, apostada en la boca de la caverna, esperaba el momento de la consagración:

 

"desde detrás del altar, hasta la abertura C de la caverna, hicieron una señal con sus pañuelos, mientras se elevaba el cuerpo de J.C. A esta señal,[...] las trompetas, los oboes, los pífanos, los violines realzaron la magnífica consagración".

(Ibid)


Una vez terminada la ceremonia, y con el fín de perpetuar la memoria del extraordinario acontecimiento, "fueron grabadas por sus órdenes las siguientes palabras sobre la base de la pirámide":

 

Antiparos 10  (Aquí, Jesucristo en persona celebró su nacimiento en la media noche de 1673)

(Ibid)
Toda la cueva se consideraba ahora consagrada. Tournefort encontró años más tarde, cercana a la entrada de la gruta, la inscripción latina que testificaba la consagración, rubricada por la persona que la había hecho posible:

 

"Entre los dos pilares que están a la derecha, hay un pequeño terreno de suave pendiente, separado del fondo de la caverna por un muro bastante bajo. Se grabó en este lugar [...] en la base de un peñasco cuya cresta es bastante llana, las siguientes palabras:

 

Inscripcion 2  ( Pitton de Tournefort, J.: "Relación de un viaje hacia el Levante, hecho por orden del rey", 1717, pag. 189)

En las páginas que tratan de la Cueva de Antíparos, el botánico también nos dejó un interesante retrato del Marques de Nointel y los verdaderos motivos de sus actividades en el Levante:

 

Figure"...era un apasionado de las cosas bellas, sobre todo las que parecían de antigüedad. Quizá sobre la inscripción que comentamos [los nombres de los conspiradores contra Alejandro] él creyera que estaba ante los restos de un monumento precioso! Disponía de dos hábiles dibujantes a su servicio, y tres o cuatro albañiles con los útiles necesarios para atar y retirar los mármoles más pesados. Jamás Embajador alguno regresó del Levante con tantos objetos valiosos: Felizmente, la mayor parte de estos mármoles estan en manos del Señor Baudelot de la Academia Real de Inscripciones y medallas: estaban reservadas para una persona de su mérito".

( Pitton de Tournefort, J.: "Relación de un viaje hacia el Levante, hecho por orden del rey", 1717, pag. 194)

 


Resulta sin embargo extraño, y un tanto disonante, que en la comitiva del embajador francés aparezcan, en la cita de Tournefort, corsarios, gente conocedora del terreno, que asumen el papel de guías y colaboradores de su Excelencia:

 

"Los corsarios se ofrecieron a acompañar a aquellos que quisieron para enseñarles el camino"

(Ibid)

 

Quiénes fueran esos piratas y de donde venían nunca lo sabremos con certeza, pero habiendo participado en la misa, se puede conjeturar que eran corsarios cristianos con alguna patente de corso - lo que equivaldría en la práctica a legalizar sus actividades delictivas - expedida por las autoridades francesas para actuar en las islas del Egeo.

 

Port du Milo

"Port du Milo". Grabado de Claude Aubriet, 1717. BNF

 

En aquel tiempo, el Mediterráneo era un hervidero de piratas, sobre todo, corsarios berberiscos musulmanes que golpeaban sin tregua las costas e islas de los reinos cristianos de Occidente (ahí tiene su origen la conocida frase española de... ¿hay moros en la costa?). En menor medida, también había piratas cristianos que hostigaban al Imperio de la Luna creciente.

 

La connivencia con esos personajes, en el territorio de un teórico aliado, demostraba la ambigüedad de la diplomacia francesa respecto a los otomanos. En esta clave, sin duda podría darse una interpretación simbólica y política a este gran despliegue de las celebraciones de Nochebuena realizadas en el interior de una caverna, en una isla perdida en el Egeo en el año del Señor de 1673.

 


LA VEGETACIÓN DE LAS ROCAS

Al regreso a Francia tras su larga estancia de diez años en el Levante, el marqués de Nointel, escribió un informe, "Relation de la visite à la grotte d'Antíparos", que suscitó el vivo interés de la Corte por aquella maravilla natural. Como consecuencia de ello, en 1700, el rey envía a Joseph Pitton de Tournefort, al botánico alemán Andreas Gundesheimer y al artista Claude Aubriet, a un viaje de dos años al Levante para visitar las islas griegas, Constantinopla y los confines del Asia Menor: las costas del mar Negro, Armenia y Georgia.

 

Dibujo TournefortSu objetivo principal era el estudio de la flora y la recolección de plantas en esos territorios, pero además, todo tipo de observaciones sobre la geografía, la geología, la historia natural, la arqueología o la etnografía de los lugares que visitaban. En Agosto de 1700, veintisiete años después de la célebre misa, encontramos a nuestro ya conocido botánico del Jardin des Plantes y a su equipo, - bien provistos de guías, material de exploración e iluminación -, preparados para penetrar en la caverna: acordes con los nuevos valores de la Ilustración que ya se avecinaba, el científico tomaba relevo al político o al diplomático.

 

En su obra "Relation d'un voyage du Levant fait par ordre du roy", Tournefort nos hace un dramático relato de la peligrosa aventura que constituía, en tiempos pre-espeleológicos, el descenso a la Cueva de Antíparos. Tras pararse a describir las inscripciones en la boca de la caverna que ya hemos comentado, comienzan los avatares del descenso a las oscuras profundidades:

 

Cueva de Antiparos Imagen de Phaethon"Descenso a la gruta deAntíparos". Imagen de Phaethon

 

"Avanzando luego hacia el fondo de la caverna por una mayor pendiente alrededor de 20 pasos de longitud, se está en el pasaje que lleva a la gruta y este paso no es más que un pozo muy oscuro, por el cual no se puede bajar sin ayuda de antorchas. Se desciende primero por un precipicio horrible con el auxilio de un cable que tuvimos la precaución de atarnos todos a la entrada. El fondo de este precipicio se hunde, por así decirlo, en otro mucho más espantoso, cuyos bordes son muy resbaladizos y se corresponden por la derecha con los abismos profundos: emplazada sobre el borde de estos pozos, una escala salva, temblorosa, el peñasco todo cortado a pico. Continuar descendiendo por los escalones es un poco menos peligroso, pero en el momento en que nos creíamos en lugar transitable, lo más horroroso es que fuimos detenidos en seco y nos hubiéramos roto la cabeza si no estamos advertidos y retenidos por los guías. Ya no encontramos los restos de otra escala que el Marqués de Nointel hizo poner: como estaba estropeada después de este tiempo, nuestros guías la habían cambiado por una nueva. Para llegar fue necesario colarse por el dorso de una gran roca; sin la seguridad de otro cable que nos habíamos atado, hubiéramos caído en las horribles profundidades.


Cuando llegamos a la base de la escala rodamos todavía algún tiempo sobre las rocas tanto de espaldas como descansando sobre el vientre según mejor nos acomodase. Cada uno encontró la marcha más favorable para no separarse. Después de tantas fatigas, entramos al fín en esta admirable gruta que el Señor de Nointel no podía dejar de admirar con razón".

( Pitton de Tournefort, J.: "Relación de un viaje hacia el Levante, hecho por orden del rey", 1717, pags. 189/190 )


Una vez en el fondo y con más sosiego, continúa su descripción de forma más racional y ordenada, intentando hacerse una idea precisa de la magnitud del espacio subterráneo donde se encontraban, débilmente iluminado, - no lo olvidemos -, por unas pobres antorchas:

 

"Las gentes que nos conducían contaron 150 brazas de profundidad hasta el altar marcado A; entretanto, después de este altar al lugar más profundo no se puede descender. La base de esta gruta a la derecha es muy escabrosa. A la izquierda es bastante uniforme y es por aquí por donde se pasa al altar. En este lugar la gruta parece sobre cuarenta brazas de alta por cincuenta de larga"

(Ibid)

 

paros 8

 


Y ya va a centrarse en los impresionantes espeleotemas de la gruta, que es lo que verdaderamente más le interesa en esta visita. Como no podía ser de otra manera, su descripción, en un tiempo en que aún no existía una nomenclatura ni una clasificación de estas formaciones calcáreas, se expresa por analogía con iconos visuales u objetos conocidos de la época:

 

 

Stalagtites"la bóveda está bien tallada, adornada en muchos sitios de gruesas masas redondeadas, las unas erizadas de puntas semejantes a los rayos de Júpiter, las otras jorobadas regularmente, o como pendientes de uvas, de festones, de lanzas de una longitud sorprendente. A derecha e izquierda hay cortinas, capas que se extienden en todos los sentidos y forman sobre los bordes una especie de acanaladuras, buidas en su mayor parte, como en tantas de las cámaras encontradas en el recorrido de la cueva. Distinguimos sin embargo entre estas cámaras un gran pabellón B, formado por las producciones que representan bien los pies, los brazos y las cabezas como de coliflores, que parece que la naturaleza nos ha querido mostrar las raíces de la vegetación de las rocas".

( Pitton de Tournefort, J.: "Relación de un viaje hacia el Levante, hecho por orden del rey", 1717, pags. 190/191)

 

De todas las analogías posibles, la más sugerente desde el punto de vista del botánico, será la de las formas vegetales, aunque, se confunde al afirmar que los espeleotemas, - o congelaciones, como él los llama -, se componen de mármol y no de calcita cristalizada. Esta última confusión era muy disculpable si pensamos que la roca madre donde se desarrolla la cueva es efectivamente mármol, como bien sabían los que habían explotado las famosas canteras de la vecina isla de Paros desde la antigüedad.

 

"Todas estas figuras son de mármol blanco, transparente, cristalizado, que se rompe casi siempre con diferentes capas alrededor como la piedra judaica. La mayor parte misma de estas piezas están cubiertas de una corteza blanca y resuenan como el bronce cuando se las golpea".

(Ibid)

 

AntiparosCave1717B

"Grotte d'Antíparos". Grabado de Claude Aubriet, 1717. BNF


En un rincón de la Sala descubre un conjunto de medianas estalagmitas que vuelve a comparar con árboles:

 

"Sobre la derecha un poco a la entrada de C en la Cueva, se elevan tres o cuatro pilares o columnas de mármol, plantadas como los troncos de árboles sobre la coronación de una pequeña roca. El más alto de estos troncos de seis pies y ocho pulgadas, por un pie de diámetro, es casi cilíndrico y de grosor uniforme [...], redondeado por la punta y emplazado en medio de los otros. El primero de esos pilares es doble y mide 4 pies de alto. Hay sobre la misma roca algunos otros pilares, nacientes como puntas de cuerno".

(Ibid)


Descubrir los anillos de crecimiento de las capas de calcita en una estalagmita partida, le reafirma en su hipótesis de que las estalactitas, estalagmitas y en general, todas las formaciones de las cavernas, vegetan, es decir, tienen, como las plantas, una suerte de misteriosa vida mineral... que depende, más que de una deposición de las sales contenidas en el agua de los goteos, de un desconocido mecanismo de crecimiento interno análogo al del reino vegetal... aunque Tournefort tampoco nos explica cómo funciona.

 

"Yo examiné uno bastante grueso, que precisamente fue quebrado en tiempos del Señor Nointel: representa verosímilmente el tronco de un árbol partido de través: el centro, que es como el cuerpo leñoso del árbol, es de un mármol oscuro tirando al gris del hierro, ancho como de tres pulgadas, envuelto en muchos círculos de diferentes colores, la vieja albura delimitada por seis círculos concéntricos, denso cerca de dos o tres líneas de fibras que van del centro a la circunferencia. Ello semeja que estos troncos de mármol vegetan..."

(Ibid)


Para confirmar su hipótesis, se aplica, en sus últimas páginas dedicadas a la Cueva de Antíparos, a acumular argumentos en contra de los que creían en un crecimiento por precipitación de los carbonatos disueltos en el agua de infiltración, de origen químico, teoría universalmente aceptada con posterioridad:

 

"... porque no cae una sola de agua en este lugar, y no es concebible que estas gotas cayendo desde 25 o 30 brazas de altura, hayan podido formar piezas cilíndricas, terminadas en calota, donde la regularidad no es interrumpida: una gota de agua se dispersaría antes por su entorno. No hay ciertamente puntos de destilación en esta gruta, como en las cuevas ordinarias con goteras. Son remarcables algunas coladas dentadas de cuyas puntas cuelga una gota de agua muy clara e insípida, formada sin duda por la humedad del aire que se condensa en agua como en las cámaras revestidas de mármol.


[...] los ornamentos sobre ella [la pirámide del altar] son recargados como coliflores que finalizan en gruesos ramos, mejor terminados que si un escultor viniera a tallarlos. Relation Portada tomo INo es posible encontrar sin embargo señales hechas por la caída de gotas de agua, como pretenden aquellos que explican la formación de las congelaciones de las grutas. Tiene mucho más sentido que las otras congelaciones de que hablamos, como las que penden de lo alto a lo bajo, hayan sido producidas en diferentes maneras por el mismo principio, es decir, por la vegetación […].

( Pitton de Tournefort, J.: "Relación de un viaje hacia el Levante, hecho por orden del rey", 1717, pags. 191/192)

 

Pero dejemos al botánico y sus colaboradores continuar su maravilloso viaje, que los llevó a los confines del Imperio, Georgia y la frontera persa. A su regreso a Francia, Tournefort redacta el libro al que nos venimos refiriendo, mientras el artista Aubriet preparaba sus centenares de bellos dibujos para ilustrarlo. Desgraciadamente, el botánico no llegó a verlo publicado, porque falleció en 1708. Su obra se publicó finalmente en 1717, impresa en Paris, en la Imprenta Real, en dos tomos, con los grabados de Aubriet. Obtuvo gran éxito y circuló por toda Europa, pues fue traducida al holandés, inglés y alemán. Con ello, la cueva de Antíparos se hizo muy conocida en los ambientes cultos europeos.

 

 

 

Salvia Cretica frutescensLepas oblonga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS CUEVAS TAMBIÉN VAN A LA GUERRA

Si en el siglo anterior, la caverna de Antíparos había sido utilizada por la diplomacia, y en el comienzo del nuevo siglo, por la ciencia; hacia finales del siglo XVIII, los ejércitos la convertirán, desafortunadamente, en teatro de sus operaciones de guerra.


Las relaciones entre Rusia y el Imperio otomano eran, desde hacía siglos, tensas, y la rivalidad se había manifestado en una serie inacabable de guerras. En 1768, estalla la cuarta guerra ruso-turca, auspiciada por las ansias expansionistas de la ambiciosa zarina Catalina la Grande, que deseaba ensanchar sus fronteras hacia el Sur, con el fín de obtener puertos en el mar Negro: esto sólo se podía conseguir arrebatando esos territorios al declinante Imperio otomano.


En 1770, la flota rusa penetra en el Mediterráneo para apoyar las operaciones navales; y por su posición estratégica en el centro del mar Egeo, elige como cuartel general, precisamente, a la isla de Antíparos. Con el fín de la guerra en 1774, los turcos, derrotados, se ven obligados a aceptar el tratado de Kuchuk Kainarji (nombre de la ciudad búlgara donde se firmó). Gracias a él, Rusia se anexionó territorios y puertos en la penísula de Crimea y el Cáucaso, asegurándose su salida al Mediterráneo a través del estrecho de Dardanelos. Sólo diez años más tarde, dominaba ya toda la costa norte del mar Negro.


Para la Cueva de Antíparos, las consecuencias de la ocupación de los militares rusos durante esos cuatro años fue realmente catastrófica. Siguiendo instrucciones de la propia Catalina, - que no podía ser menos que los Borbones franceses, que tan bellas muestras geológicas de la cueva poseían en sus colecciones -, los oficiales rusos se dedicaron a expoliar sistemáticamente la caverna, embarcando un cargamento de cientos de espeleotemas y muestras minerales para Petrogrado. Aún hoy día, parte de esa colección puede admirarse en el Museo del Ermitage de San Petersburgo.


Los ocupantes también realizaron graffiti pintados con sus nombres y fechas. Una tendencia que se acentuaría después en una nueva oleada de visitantes: los viajeros románticos del siglo XIX.


Pero esto será ya tema para una próxima entrega...

Dibujo  

Bibliografía:

  • Argullol, Rafael: "La atracción del abismo. Un itinerario por el paisaje romántico". Destino, Barcelona, 1ª Edición, 1994
  • Kinder, H. y Hilgermann, W.: "Atlas histórico mundial". Itsmo, Madrid, 5ª Edición, 1974

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