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ESTÉTICA DE LAS CAVERNAS (I)

Mundus Subterraneus Martes, 19 Febrero 2008 10:17

 

 

Cueva de NaicaLa Espeleología como fuente de goce estético

En estos tiempos positivistas, la Espeleología es considerada como un Deporte y una Ciencia. Añadiría que es, además, una actividad iniciática, estética, por no decir espiritual. El afán de exploración y la curiosidad científica empujan al espeleólogo bajo tierra: quiere conocer, medir, explicar, pero también asombrarse, emocionarse, embriagarse con su aventura y la belleza de lo que ve: una poderosa corriente subterránea arrastra la psique del explorador hacia las profundidades. La fascinación de la Caverna, grabada ancestralmente en el inconsciente colectivo, seduce, atrae como retorno al seno original. Hay en todo ello un innegable ingrediente estético. Este breve ensayo introductorio, analiza nuestra percepción de la Belleza en el mundo subterráneo.

 

gota_a_gota.jpg Imagen: Chris Anderson: Gota a gota.

Un mundo de oscuridad y silencio, sin vida aparente, donde la luz descubre espacios minerales, colores de tierra, aguas profundas de transparencia cristalina. Misteriosos dédalos donde se desliza el aire húmedo y fresco, la primordial arcilla, la roca constelada de rutilantes estrellas. Universo de arquitecturas modeladas lentamente, gota a gota, partícula a partícula... sin tiempo.

¿Sueño creado por la imaginación? No. No es un lugar iluminado por el sol, no un universo virtual flotando en el ciberespacio. Existe bajo la faz de la Tierra. Es real. Para descubrirlo, sólo una condición se hace necesaria: Hay que abismarse, sumirse en la profundidad de la tierra, descender, deslizarse a través de alguna conexión, de algún agujero que una el mundo de la luz con el de las sombras. Tenemos una palabra para definir tales contactos: los llamamos cuevas.

 

 

 



esttica_tenebrista.jpgLas cuevas, simas, grutas o cavernas son una frontera, una puerta abierta a otro espacio tenebroso, desconocido y mineral, opuesto al de la Naturaleza exterior, donde la luz permite el milagro de la vida (1).


La fascinación por las cuevas se ha apoderado de los hombres desde que la Humanidad existe. Nuestros antepasados prehistóricos las utilizaron como refugio, pero también para sus actividades espirituales, para el ritual, para el Arte, para los misterios de la muerte (2). Las religiones de la Antigüedad las eligieron como simbólico lugar de reunión de divinidades, antepasados, arquetipos, y para las actividades oraculares (3). Los griegos situaron en el mundo subterráneo el Hades, el Tártaro, o los Campos Elíseos (4). El Cristianismo medieval relacionó a las cavernas con un mítico lugar llamado Infierno (5).

 

La esencia de la caverna, como la de la muerte, "esa ignorada región desde donde jamás ha regresado viajero alguno" (6), es la experiencia de lo desconocido. Pero he aquí, que en esta nuestra época, de la caverna sí regresa el viajero. Vuelve con vida y los ojos muy abiertos, dispuesto a dar fe de lo que ha visto en ese otro mundo. Y este arrojado explorador es definido por un nombre extraño: espeleólogo.

 



LA AVENTURA DE LA EXPLORACIÓN

¿Qué motivaciones profundas se ocultan en el acto de explorar? Pese a ser habitualmente un acto colectivo, planificado y realizado en equipo por un grupo espeleológico, se transforma, en realidad, en una aventura iniciática, personal, un viaje en cierto modo paralelo al que nuestros remotos antepasados realizaron al interior de las cavernas.

 

En efecto, el reto más importante que nos plantea es la superación de las limitaciones físicas y psíquicas. Superación de dificultades, de obstáculos, de miedos: El retorno al mundo de la luz, del que depende, como de un hilo mágico, la vida, sólo está garantizado por la propia superación.



hilo_de_luz.jpgHilo de luz. Imagen: Max Wisshak

Especialmente en la exploración de las simas, cavidades verticales cuya dificultad ha exigido el desarrollo de técnicas sofisticadas, se pone de manifiesto la soledad y autosuficiencia del espeleólogo. Durante la mayor parte del recorrido, el explorador depende tan sólo de sus propios recursos, de su eficiencia en el empleo de las técnicas. En soledad desciende o asciende las grandes verticales, intuyendo el mundo sombrío que se extiende más allá de su débil haz de luz. Las danzantes luciérnagas que indican la presencia de sus compañeros sólo alivian por momentos un ancestral pánico del ser humano: el aislamiento en medio de lo desconocido.

 


En el silencio absoluto que reina en este abismo, quizás sólo perturbado por un leve y sincrónico goteo, se agudiza la concentración; los sentidos se vuelven conscientes de la música del cuerpo: el ritmo respiratorio, los latidos del corazón, el tacto de las rocas, el profundo eco de las pisadas, el huidizo mundo de formas que se presentan a las pupilas abiertas, nos acompañan. La mente, absorbida completamente en estas sensaciones, se desprende de sus preocupaciones cotidianas. El aromático aire de la superficie sorprende al viajero íntimamente satisfecho, vencedor, en cierto modo, de sí mismo. Vuelve limpio de mente si no de cuerpo. Se ha producido una catarsis.

 

 


LA PERCEPCIÓN DEL MUNDO SUBTERRÁNEO

La iluminación frontal que irradia como un círculo mágico desde el explorador en movimiento, al entrar en contacto con la complicada morfología de las cavernas produce una impresión visual que cambia constantemente como un caleidoscopio. Los elementos del interior de la gruta van emergiendo de las sombras y vuelven a desaparecer en ellas a medida que éste se desplaza. No percibe simultáneamente todos los componentes de su entorno como en el mundo exterior, sino escenas de poca extensión pero fuertemente plásticas gracias al contraste entre los elementos iluminados y el resto, sumido en esta noche eterna.

 

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                                                                         Círculo mágico de luz. Imagen: Chris Anderson


La percepción del mundo subterráneo se ve grandemente condicionada por el modo de iluminación portátil: aquí, en la zona iluminada, está la realidad, allá en la oscuridad, permanece el misterio. Algo así como una antigua pintura: Rembrandt y Caravaggio, Ribera y Valdés Leal. El ojo del espeleólogo se hace experto en la apreciación del claroscuro. La estética de las cavernas obviamente es una estética tenebrista.

 

ELEMENTOS PLÁSTICOS EN LAS CAVERNAS

Como cualquier objeto analizado desde una perspectiva plástica, en la Caverna distinguiremos algunos elementos fundamentales: color, textura, forma, ritmo, composición, movimiento... ingredientes que, combinados en infinidad de variaciones, dan lugar a la sorprendente diversidad de estilos del paisaje subterráneo. Analizaremos, en esta primera parte del trabajo, los diversos elementos plásticos de forma individualizada, para entrar de lleno en la caracterización estilística de las cavidades en una próxima entrega.

 EL COLOR

Parece que la Cueva debería ser un mundo pardo y gris: el color sucio de la roca desnuda y la tierra humedecida. Sin embargo, muchas cavidades nos deleitan con sus colores y la rica variedad tonal que ofrecen a nuestra mirada.

mmesis_2.jpgImagen: Chris Anderson Mímesis.
Aunque la calcita, el aragonito o el yeso, componentes básicos de los espeleotemas, son incoloros por naturaleza, pequeñas cantidades de impurezas de hierro, manganeso, cobre y otros minerales, bastan para teñir con delicados tonos la estructura cristalina de este jardin mineral.

 




Imagen: Max Wisshak Aragonito azul. aragonito_azul.jpg

Un vergel matizado de blanco deslumbrante, de marfil, hueso, ocre amarillo pálido o denso, rojo o anaranjado, en gamas infinitas producidas por los óxidos de hierro. Del manganeso proceden los tonos ahumados del negro y el gris; del cobre, menos frecuente, los azules, verdes y violáceos. Tonos unas veces saturados y brillantes; otras, diluidos como una veladura de barniz recién aplicada sobre la pintura.

 

LA TEXTURA

La roca, madre en cuyo seno toda cavidad ha iniciado su evolución, fracturada y disuelta, muestra sus interioridades. Una superficie ora lisa, pulimentada hasta las suavidades del mármol, ora rugosa, salpicada por un universo de cicatrices, agujeros, oquedades que se tocan y entrecruzan en un diseño abstracto.

 La madurez puede vestir a ciertas cavernas con lujosos ropajes barrocos. Las capas estalagmíticas cubren la roca desnuda como viscoso líquido derramado, mientras del techo cuelgan, petrificados en calcita, sus goteos.

Orgia de-creatividad

                                                                      Orgía de creatividad. Imagen: Max Wisshak

  Estas lentas y minúsculas esferas de agua que la gravedad reclama incesante de lo alto a lo bajo, contienen sales disueltas en cantidades infinitesimales. Su precipitación, a lo largo de decenas o de cientos de milenios, llega a crear las más fantásticas texturas que cualquier imaginación pudiera concebir: formas globosas, batroides, grumosas, arborescentes, serpenteantes, onduladas, esféricas, porosas, excéntricas, laminadas, estratificadas, cristalinas, geométricas... en una escala de lo diminuto a lo gigantesco, una orgía de creatividad de la Naturaleza que no tiene ningún parangón.

 LA FORMA

 Resultado de una prolongada evolución, sería certero explicar el origen de las formas espeleológicas como resultado de procesos dialécticos cíclicos: fracturación / disolución; destrucción / reconstrucción; vaciado / rellenado... procesos que no hacen más que reflejar la concepción de la Naturaleza como cambio constante y pendular de la más antigua civilización de Oriente (7). En efecto, los eternos ciclos del Tao que se suceden una y otra vez a la lentitud inimaginable del tiempo geológico, son sorprendidos por el espeleólogo, en el instante fugaz de su vida, asomándose a este espectáculo sin comprender: las mismas fuerzas cósmicas que les han dado origen, también elevaron / arrasaron montañas, hicieron ascender / descender el nivel de los mares, separaron continentes como gigantescas islas a la deriva, empujaron placas entre sí o hicieron estallar volcanes.

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Imagen: Chris Anderson Sistema circulatorio. 

Mientras tanto, en el interior de la montaña, las aguas, corroyendo estrechas fracturas o laminados estratos, formaron pasadizos y alvéolos propios de un sistema circulatorio. Las galerías se ensancharon, muchas bóvedas se hundieron creciendo hacia arriba como arco u ojiva. Con la repetición de los ciclos, las formas se han superpuesto unas con otras, hasta adquirir la complejidad típica de todo organismo evolucionado. Estas intrincadas morfologías pueden, sin embargo, sintetizarse en dos tipos fundamentales: las geométricas, prismáticas, derivadas de la fracturación, y las alveolares, orgánicas, hijas de la disolución o precipitación litoquímica de las rocas.

 

EL RITMO Y LA COMPOSICIÓN

La armoniosa repetición y distribución de elementos plásticos, especialmente espeleotemas, a lo largo y ancho de los diferentes espacios subterráneos, es una poderosa creadora de efectos estéticos en las grutas. Así ocurre, sobre todo, con los ritmos aleatorios definidos por las agrupaciones de líneas verticales suspendidas en el vacío (estalactitas), ascendentes desde el suelo (estalagmitas), o enlazando techo y pavimento (columnas).

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                                                                   Imagen: Andi SchoberRitmos verticales. 

 El mismo sentido casual, tiene el caos geométrico producido en los desplomes clásticos, fruto de la tectónica; así como los efectos erosivos serpenteantes y ondulados (meandros) que la circulación milenaria de las aguas subterráneas cincela sobre la roca madre. Aunque de muy diferente índole, ambos procesos también suelen presentar, un carácter rítmico en su distribución, contribuyendo a definir nuevos estilos en la estética de ciertas cavidades.

 EL MOVIMIENTO

¿Podemos hablar de movimiento en un mundo aparentemente estático e inmóvil como es el mundo hipogeo? Ciertamente nada en la naturaleza permanece quieto, todo fluye (8); también el agua fluye, se desliza, a veces con violencia, por los meandros subterráneos, pero el movimiento al que aquí nos referimos se manifiesta de otro modo: movimiento, en Estética, quiere decir expresión del movimiento, dinamismo de la imagen plástica, y esto mismo es aplicable a ciertos escenarios de la caverna. 

danza de serpientesImagen: Lloyd Morrison Danza de serpientes. 

¿De qué medios se vale la caverna para expresar movimiento? Lo que se mueve, aunque sólo sea en nuestro imaginario visual, describe una trayectoria. Así, en las cavernas se despliegan y entrecruzan estas trayectorias, líneas de fuerza encarnadas, sobre todo, en formaciones excéntricas, caprichosas y de misterioso origen; en las ondulaciones de los pliegues parietales; en las aristas de los grandes desplomes, o en los estratos bandeados, descubiertos al vacío interno...




ritmos_ondulatorios.jpg Imagen: Wladimir Maltsev Ritmos ondulatorios. 

Para terminar, contemplemos de nuevo la deslumbrante caverna: su paisaje subterráneo, tal vez mucho antes de que nos pudiésemos reconocer como humanos, ha concentrado sobre sí las fuerzas del Cosmos. Se ha construido con geológica paciencia tal como se nos muestra ahora: enorme o diminuta, delicadamente decorada o de una austera pureza, sutil, misteriosa como toda obra de arte verdadera.

                                                                              imagen de Fastalk  Belleza cristalina. IBelleza cristalina


 


NOTAS

 (1) Habría que añadir que también la oscuridad lo permite. Como todos sabemos existe un tipo de vida orgánica adaptada a las condiciones de ausencia de luz de las cavernas. Se presume que ha evolucionado a partir de organismos exteriores a través de un dilatado periodo: los organismos troglobios.

(2) Es conocida la íntima relación que nuestros antepasados de la Prehistoria mantuvieron con el mundo subterráneo. Pruebas de todo tipo, desde la existencia de Arte rupestre hasta las excavaciones arqueológicas han revelado el grado de espiritualidad ligada a la caverna que esta primigenia Humanidad desarrolló.

(3) "En las religiones de la Antigüedad son frecuentes los mitos relacionados con las cuevas o estructuras similares. El nacimiento de ciertos héroes, la ocultación de armas, símbolos de poder, etc., se verifica en cuevas". (Juan-Eduardo Cirlot, Diccionario de Símbolos)

(4) Al Tártaro, el Infierno griego, se llegaba a través del río Estigia, que se sumía en un hipogeo. Caronte transportaba en una embarcación desvencijada a las almas hasta la orilla opuesta, donde las esperaba Cerbero, el extraordinario can de múltiples cabezas "dispuesto a devorar a los intrusos vivientes o a las almas fugitivas". Los Campos Elíseos eran el Paraíso de los griegos, "una región feliz donde el día es perpetuo, sin frío ni nieve; donde nunca cesan los juegos, la música y los jolgorios, y donde los habitantes pueden elegir su renacimiento en la tierra siempre que lo deseen". (Robert Graves, Los mitos griegos

(5) El Cristianismo continuó la tradición clásica de situar el Infierno en el mundo subterráneo. El Infierno, la primera de las tres partes en que está dividida la Divina Comedia de Dante, sitúa su entrada en la puerta de una caverna sobre la que se lee la siguiente inscripción: "Por mí se va a la ciudad doliente, por mí al abismo del torrente fiero, por mí a vivir con la perdida gente. La justicia a mi autor movió severo; me hicieron el poder que todo alcanza, el saber sumo y el amor primero. Antes de yo existir no hubo crianza: ya eterno sólo, y eternal yo duro; ¡ oh los que entrais !, dejad toda esperanza".

(6) Según nos la define Shakespeare en las reflexiones de Hamlet

(7) Los antiguos chinos concibieron el Tao, como "el proceso cósmico en que todas las cosas estaban envueltas: el mundo percibido como un flujo y cambio contínuos. Todos los desarrollos del mundo físico o humano muestran patrones de ida y vuelta, de expansión y contracción, simbolizados por los dos polos arquetípicos del Ying y el Yang" (Fritjof Capra, El Tao de la Física)

(8) Esta frase sintetiza la filosofía del devenir de Heráclito de Éfeso, que "afirma taxativamente la variación o movimiento de las cosas: todo corre, todo fluye. Nadie se puede bañar dos veces en el mismo río, porque el río permanece, pero el agua ya no es la misma." (Julián Marías, Historia de la Filosofía. 

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