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Mis viejas amigas: Las cavernas

Cuadernos de opinión Jueves, 03 Enero 2008 12:11

 

Mil compromisos. Facultad, prácticas, amigos, estudios, centro comercial, cine, ruidos, cláxones, luces, voces, ascensores, atracos, contaminación, noticiarios policiales, sociales, económicos y peor todavía, noticiarios políticos!!!

Para ser feliz, hay que ser radical, o ser político... Prefiero ser radical. Voy a hacer una terapia troglodita. Voy a visitar viejas amigas, donde la paz, el orden, el respeto por la naturaleza deben prevalecer. Voy a volver en el tiempo y recuperar mis energías, junto a mis viejas amigas, las cavernas.

La decisión de ir para las cavernas, ya me alivia del estrés de la ciudad. La planificación: ¿A dónde? ¿Cuándo? ¿Que tengo que llevar? Cada providencia es una emoción. Tengo que pensar en la seguridad. Cuerdas, cascos, botas, guantes, armas nucleares, escopetas, pistolas, granadas... Bien, podemos dispensar los 4 últimos ítems. Las expediciones son siempre de paz.

 

Amanece el día, llueve en la ciudad. La lluvia es un factor de riesgo para la visita a una caverna. Todo puede ser empantanado en cualquier momento. Empantanado no, inundado. Inundando de agua del suelo al techo de la caverna, a veces con corriente fuerte. Pero todavía estamos en la ciudad. Los riesgos aquí no son sólo de inundación. Son de atracos en  bancos, farmacias y hasta en casa. Y todavía podemos reírnos de ver nuevas noticias sobre los políticos, o de ser amenazados por menores dopados bajo el efecto de drogas y de pegamentos, que a propósito, son víctimas de los personajes anteriormente mencionados.

Es hora de partir. Estamos en una ciudad linda. Canteros floridos engalanan las avenidas negras de asfalto. La arquitectura de la ciudad es realmente maravillosa. Edificios arrojados, jardines, avenidas y áreas verdes forman un bello conjunto. Personas guapas aisladas dentro del aire acondicionado de sus coches miran con desconfianza, críos pidiendo dinero en las calles. Estamos saliendo de la ciudad. El tránsito disminuye. El verde aumenta. Las montañas surgen. El horizonte crece. La naturaleza aparece. Estoy yendo... Fui!!!

Los árboles asisten mi viaje, los ríos corren para engalanar mi camino. Las montañas giran alrededor de mi coche mientras acorto la distancia que me separa de las cavernas.

Mi corazón golpea fuerte. ¿Será porque dejé la ciudad? O mejor: ¿Porque estoy yendo para las cavernas? Estoy con prisa, quiero llegar rápido. Desconfío que todavía esté contaminado por la ciudad. Las cavernas no tienen prisa. Están allí llevan miles de años esperando mi visita. Y, un poco más, una montaña más, un riachuelo y diez agujeros más y un árbol más caído en la carretera, una serpiente y... Llegamos...!

Allí está la boca de la caverna. Cercada de arbustos, de piedras, de montañas de piedras, de un horizonte distante. Cercada de misterio.

Realmente ella estaba allí nos espera. Si llegásemos mañana ella todavía estaría allí. De aquí a miles de años, ciertamente ella continuará guardando allí sus secretos, sus misterios y su paz.

Una caverna es como una máquina del tiempo. Allá dentro, seguro no habrá mudanza de milenio. Las gotas de agua que caen  hasta 3 minutos la una de la otra, están construyendo formaciones que estarán encantando personas de aquí a miles de años. ¿Quien asistió a la formación de esta arquitectura maravillosa que vemos hoy? ¿Quien habitaba las Américas?¿Como sobrevivían? Las respuestas, muchas veces están allá dentro, mostradas a través de pinturas rupestres o de fósiles. Hay que preservar. De la caverna nada debemos llevar y dejar sólo nuestros rastros.

El misterio empieza rápido en el inicio de la caverna. Varias entradas. Diversos niveles de piso, meandros, pasillos, laberintos y el infinito subterráneo.

La caverna depende de quien la visita. Sus luces, aunque maravillosas, no son resplandecientes, son reflectivas. Ella responde al movimiento de nuestras luces con un torbellino de colores que forman verdaderos efectos especiales, dignos de hacer envidiar al maestro Spielberg. ¿Que sería de tanta belleza si no hubiese alguien para admirarla? Aquel concierto de luz se mueve en el oscuro? Quien sabe si no es esta la fascinación que ella ejerce sobre mí?

¿De que vale una caverna que no recibe uno sólo visitante? ¿Como se prepara una caverna para una visita? Una estalactita aquí, una estalagmita allí, una dolina, un riachuelo subterráneo, un gran salón... ¿Será que van a gustar? No recibí una visita en los últimos dos mil años. Voy a preparar más algunas formaciones calcíticas y mejorar la apertura y arborización de esta dolina. Tengo que estar preparada. Puedo recibir una visita de aquí a quinientos años".

¿Será que las cavernas piensan así? ¿Las cavernas no piensan? ¿Entonces, como me cautivaron? ¿Porque ellas me atraen tanto? ¿Será que durante todos estos miles de años ellas no estaban sencillamente preparándose para conquistarme?

 

 

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