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LOS VISITADORES DE CUEVAS: … ¿sueñan las cuevas con más espeleólogos?

loreto wallace moreno Cuadernos de opinión Viernes, 05 Agosto 2011 17:19

Verano de 2011: un pequeño grupo se dirige a visitar la Sima Bego, en la Sierra de Mollina. Son cuatro espeleólogos, dos de ellos se han ofrecido a enseñársela a los otros dos que no la conocen. Han oído hablar de sus maravillosas y extrañas formaciones: corales, huevos fritos, coladas blanquísimas, estalagmitas finas y rizadas elevándose en busca de sus compañeras del techo, buscando esa unión que se producirá en el transcurso de los siglos en forma de columna…  Están deseando conocerla. Los cuatro aman las cuevas, para ellos la entrada a una cavidad es entrar a un santuario donde, en esa paz y silencio que sólo en ellas se encuentra, el ser humano se siente menos protagonista de lo que siempre había pensado que era.

 

La entrada a Sima Bego es un pequeño pozo de apenas 20 metros, que parece algo más ya que se abre en un borde del techo de la amplia sala que es la cueva. Es una bajada en aéreo, en la que disfrutas cada metro del cómodo descenso. Una sima para iniciarse en la espeleología… pero que ¡ay!... ahí está su gloria y su perdición!.

La facilidad de acceso a su interior, su divulgación en todos los medios de redes sociales, blogs, páginas de clubs, etc etc, ha hecho que numerosas personas de toda índole conozcan su existencia y emplazamiento y vayan a visitarla. Son los Visitadores de Cuevas. Así yó los denomino, Y ¿qué es un visitador?. Pues es aquella persona que sin sentir esa comunión con la cavidad, sin respeto en absoluto para el medio, las visita a toda carrera, por el solo placer de hacerlo, y si puede “llevarse un recuerdo de ella” pues ¡mucho mejor!.  Que no le hablen de hacer trabajos como fotografía, topografía, estudio  biológico, etc. Nó, lo que hace son las  fotos ésas en que me agarro a una columna, ó a una fistulosa,  dá igual que sea frágil y la rompa… hay otras!. O pongo mi bota machacando los corales, pero en la foto que pondré en el facebook, ¡no veas como vá a flipar la peña…!. Después de una rápida visita, vamos para arriba, que tengo ganas de tomarme una cerveza, ¡eso sí que es la finalidad de esta salida!. ¿Y el próximo finde, “ adonde vamos, a ver si hay formaciones guapas y nos podemos llevar alguna… que me acuerde de coger un martillo, que algunas no veas para poder arrancarlas!.”

Volviendo a la visita de nuestros cuatro amigos a Sima  Bego, bajan, empiezan a andar con todo cuidado por las zonas donde no pueden estropear nada, casi no hablan, el sonido de aquellos espacios se escucha cuando tú estás en silencio… y os aseguro que hay mucho que escuchar y sentir… la gota que cae depositando esa millonésima de gramo que contribuirá a formar esa estalagmita… el batir del ala de un murciélago que sale hacia el exterior.. el ruido de tu bota al posarse en el suelo, tu propia respiración o la de tus compañeros… y de repente ¡la cruel realidad! ¿Qué ha pasado aquí? Una estalagmita está cortada y se han llevado la parte superior, los corales están casi todos pisoteados y rotos, el Solitario, una estalagmita alta, rizada, elegante, que vigila la cavidad desde hace siglos, que se halla sobre un pequeño bloque suelto..  como esto siga así la próxima vez estará destruido.

A nuestros amigos se les encoge el corazón. Esta expresión es más real que la vida misma. Esto es lo que sientes cuando observas la destrucción y la sinrazón de tus mismos congéneres. Y se plantea una pregunta: si las cuevas sueñan, ¿entra en sus sueños que las  visitemos?. Para semejantes visitantes preferirán que las dejen olvidadas durante otros muchos siglos, como hasta hace poco estuvieron, solas pero sin que nadie las destruyera.

Asistimos a un auge de la espeleología. La facilidad de la técnica la pone al alcance de personas que jamás se hubieran planteado la espeleología si tuviera más dificultad. En eso podemos diferenciar al auténtico espeleólogo del visitador de cavidades. ¿ Y cual es la solución? ¿Como podemos proteger estas cuevas de delicado equilibrio de la visita de personas sin ningún respeto hacia ellas?. ¿Por qué demonizamos tanto las Competiciones de TPV, que se realizan en rocódromos especiales para ello, sin ningún prejuicio para la cavidad y nos rompemos las vestiduras diciendo que no es Espeleología.? Claro que no lo es, es “Tecnica de Progresión Vertical (TPV)”, pero… ¿qué daño hacen a una cavidad? Ninguno. Y si nos remitimos a esas competiciones que son dentro de una cueva, en Andalucia, que yo sepa, hasta ahora solo han sido en Hundidero-Gato y en Sima de Villaluenga. Dos cavidades donde periódicamente sufren tal crecida de las aguas, que os aseguro que las dejan como nuevas. ¡No nos creamos tan importantes, las aguas dejan mas huellas que nosotros! 

Pero en estas otras, llenas de formaciones, frágiles, de fácil acceso… en fin, la mayoría de las que son hoy visitadas, éstas tendrán un cruel destino: la destrucción de su belleza. Así que, al igual que en la novela que dio origen a la inmortal película “Blade Runner”, yo me pregunto ahora: “¿Sueñan las cuevas con visitantes?” Apostaría a que nó.

(Dedicado a Carmen R.C., espeleóloga).

Loreto Wallace, julio 2011

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