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El perro de las tinieblas

loreto wallace moreno Cuadernos de opinión Martes, 18 Marzo 2008 12:08

 

 

el pastor juan hugarte y su perraA 17 kilómetros de Estella, en la provincia de Navarra, se encuentra un pueblecito llamado Lezaum, escondido en la Sierra de Andía.  En tiempos pasados, este pueblo conoció días de gloria, como atestiguan sus casas de piedra labrada y blasonadas con escudos señoriales. Pero en la fecha en que sucede este relato, no pasaba de ser un pequeño pueblo dedicado a la ganadería y al pastoreo de ovejas.

Un dia cualquiera del mes de Abril del ya lejano año de 1.962, un grupo de espeleólogos estellenses emprendía la bajada a la sima de Arriazuleta, cuya estrecha boca se abre a medio kilómetro del citado pueblo de Lezaum.  

 
 
El pastor Juan Hugarte y su perra después de la liberación
Jesús López fue el primer que comenzó la bajada del pozo de entrada de-60 metros, que terminaba en una rampa descendente hasta alcanzar la cota de –100 metros de profundidad. Sus compañeros, Julián Larrumbe y Francisco Lisarri, quedaron en superficie a la espera de que quedara libre la escala para poder bajar ellos.
 

En el fondo del pozo, Jesús paseó la luz de su linterna por la sala recorriendo sus paredes y disfrutando de ese gran silencio que sólo es percibido en el interior de una cueva. Pero, de improviso,  éste fue interrumpido por un rumor a modo de pasos rápido y nerviosos... su corazón se desbocó. ¿Qué podía ser aquello? Estaba sólo, a100 metros de la superficie terrestre, y he aquí que “algo ó alguien” estaba allí acompañándole. Por el ruido, que se repitió ahora de nuevo, debía tratarse de un ser de mediano tamaño. El sabía que los habitantes de las cavidades son  en general insectos minúsculos difíciles de ver. Y de un murciélago estaba seguro que no se trataba!. El joven descubrió trazos de huellas en las paredes parecidas a las que hacen las garras de un animal en su intento desesperado por trepar por una pared.

 

Le temblaba la mano cuando dirigió su linterna hacia una oquedad de donde parecía provenir el sonido y percibió la visión de dos puntos fosforescentes en la oscuridad. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo: ¿qué era aquello? ¿Qué ser vivo se ocultaba en aquel abismo?. Pronto iba a salir de dudas: una perrita lo miraba igual de asustada que él mismo. ¡Que gran suspiro de alivio exhaló el joven! Muy despacio se acercó al pobre animal que, en un principio, retrocedía receloso ante el intento de caricias del espeleólogo. Parecía llevar mucho tiempo allí dentro, ya  que había mudado el pelaje pero con la curiosa particularidad que no se le había caído el anterior, conservando las dos capas en una extraña mezcla.

A las voces de Jesús comunicando el hallazgo, bajó su compañero Julián Larrumbe. Los dos se hacían preguntas de cómo había logrado sobrevivir la perra a una caida de 60 metros sin sufrir daños. ¿Y como continuaba viva en ese pozo? A esto tuvieron inmediata respuesta:  multitud de restos de animales en descomposición, huesos  y basura aparecían esparcidos por el fondo de la sala. Estaba claro que aquella sima era el basurero del pueblo y que allí arrojaban toda clase de desperdicios. De ellos y del agua de un pequeño gour se había alimentado la perrita logrando vivir allí....¿cuánto tiempo?.Porque se apreciaba que no era cosa de dias... ¡ Había tenído suerte después de su caída accidental allí ¡. Porque eso fué lo que pensaron los dos amigos en ese primer momento.

Se imponía sacar al animal de la sima. Después de discutir la manera de hacerlo, se logró meter a la asustada perrita en el interior de la mochila de Jesús, intentando que quedara bien sujeta para que no saltase al vacío en medio de la ascensión. Jesús trepó por la escala con su pesada carga a la espalda y poco a poco consiguió llegar a la superficie donde el tercero de ellos, Francisco Lisarri, le hacía la seguridad.

 

Entonces les esperaba otra sorpresa: la perra sin pensárselo dos veces, salió disparada hacia el cercano pueblo de Lezaum sin dudar un momento del camino a seguir. Los tres corrieron detrás de la perra. ¿Adonde se dirigía? . En las callejas del pueblo olisqueó varias casa y terminó por dirigirse a la de un pastor, Juan Hugarte, que se quedó con los ojos desorbitados cuando la perra le saltó encima lamiéndole, dando vueltas en el aire de alegría y gimiendo para demostrarle todo su cariño.

Pero ahora viene el final de esta historia y de lo que realmente había sucedido. Tres años atrás, Juan Hugarte había considerado que su perra “Cerraja” no servía ya para su oficio de pastora de ovejas. ¿Cómo se deshacía de ella? Pues de la misma manera que se deshacía de su basura: arrojándola a la sima de Arriazuleta, que para eso estaba. Así que no lo pensó dos veces: seguramente le habló con cariño, la perrilla agitó su cola muy contenta ante la proximidad de un paseo con su dueño por el campo. Lo que no sabía, ni nunca se le habría pasado por su imaginación perruna, que el paseo tenía como finalidad su propia ejecución.

 

En su fidelidad absoluta , que vá intrínseca en los sentimientos de estos animales hacia sus dueños, aún después de ser arrojada al abismo, condenada a morir lentamente caso de sobrevivir, su primera reacción al conseguir la libertad fue regresar con su antiguo dueño y verdugo. Yo creo que en su noble cabeza no cabía la idea de que éste fuera el responsable de sus tres años de agonía y soledad.

Nota al final:
Esta historia la he recogido de la revista “ La Gaceta Ilustrada” que apareció en Abril de 1.962, pp 46-48. Le pone el final ¿feliz? de que Cerraja fue acogida por su dueño, conmovido por el cariño de su perra, y arrepentido por lo que había hecho. Espero que así fuera, pero yo no dejo de pensar ahora en la distancia de tantos años, que más tranquila me hubiera quedado si la narración hubiera terminado con que Cerraja fue acogida por otra familia que le dió el cariño que su dueño no supo darle. Ojalá que el arrepentimiento de Juan no fuera el de haber elegido esa sima para desprenderse de su perra.! Porque si fué así, pudo más adelante corregir su error...

El descubrimiento reciente por parte de compañeros nuestros de la Sima de los Cans con los numerosos esqueletos de perros sacrificado allí, arrojados vivos por sus dueños como quien arroja una silla inservible a la basura, mueve a la indignación a toda persona sensible y con sentimientos. No se trata de querer más a un animal que a tu hijo ó a tus padres, como dicen algunos. Se trata de dar un trato digno a todo ser vivo, porque si digo tratar a un animal al menos como ellos nos tratan a nosotros, creo que en muchas ocasiones saldríamos perdiendo en la comparación.

Comportarse así con los animales no dice mucho a favor de una sociedad. Ya es hora de que un pueblo tan cruel como es España en su relación con los animales, empiece a cambiar. Y nunca más exista una sima de los Cans. 

Loreto Wallace, Marzo 2008

 

 
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