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Biodiversidad subterránea
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Biodiversidad subterránea

Miércoles, 09 Enero 2008 16:26 Apuntes técnicos

 

 

 

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Mientras que una parte de la comunidad científica internacional se empeña en obtener medicamentos sintéticos y en "mejorar" mediante manipulación genética los alimentos que llegan a nuestra mesa, otros investigadores continúan creyendo en la infinita capacidad de la Madre Tierra en garantizar el futuro de la Humanidad.

 

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) lanzó hace dos años un fascinante proyecto internacional de investigación que fue considerado el más "curioso" de todos los elaborados en ese organismo de la ONU. Su principal objetivo es el de profundizar los conocimientos sobre los organismos que habitan el subsuelo; un tipo de biodiversidad que representa un inmenso recurso genético hasta hoy mínimamente explotado. Estos hábitats subterráneos guardan enormes tesoros, que según los micólogos, pueden influenciar significativamente el futuro ecológico del Planeta y el descubrimiento de nuevos medicamentos para combatir más eficazmente las enfermedades. Los científicos están colectando e identificando insectos tropicales, nemátodos, termitas y otras formas de vida que reptan y habitan el subsuelo de la Tierra. La primera fase del proyecto, que terminó en 2005, fue desarrollada en 7 países: Brasil, México, Costa de Marfil, Uganda, Kenya, Indonesia e India; países que fueron seleccionados exactamente por la enorme riqueza que acumulan en sus suelos.

Las formas de vida subterráneas son las menos conocidas de todas las existentes en el Planeta y ellas, muchas veces, están solamente a centímetros de la superficie, pero existen otras millares todavía no catalogadas que habitan a centenas de metros en las capas más profundas del suelo. Un gramo de tierra de la Selva Amazónica puede contener hasta 40 mil especies de bacterias, muchas de las cuales no han sido descritas. De la familia de los hongos solamente se conoce el 5% (72,000), siendo que 35,000 viven en el suelo o a milímetros del subsuelo. Las 3,600 especies de lombrices registradas son menos de la mitad existente. Las trufas, por ejemplo, son una especie que la ciencia todavía no clasifica ni como animal ni como vegetal, pues posee características de ambos reinos.

Los ascocarpos, de sabor marcante y muy solicitado en los restaurantes de alta culinaria, viven solamente en Europa en un ecosistema específico a varios metros en el subsuelo.

Lamentablemente, el rico mundo del subsuelo está siendo diezmado por la contaminación ambiental, por la cosecha indiscriminada y por la destrucción del hábitat por la producción agrícola, principalmente por los monocultivos.

Un mejor conocimiento de su existencia podrá contribuir a la búsqueda de soluciones para muchos problemas. Las bacterias y los hongos, por ejemplo, son capaces de limpiar las áreas hídricas ayudando a eliminar sustancias tóxicas y organismos patógenos de las aguas subterráneas. En muchos casos, la presencia de estos organismos influye en la capacidad de absorción de las aguas de lluvia por los suelos. En los lugares donde no existen estos microorganismos, hay mayores riesgos de inundaciones o erosiones con severas consecuencias para la calidad del agua de los ríos, manantiales y manglares. Estas pocas estudiadas formas de vida desempeñan un papel clave en la regulación de las emisiones de carbono y de otros gases del Efecto Invernadero. Estudiar y revelar el papel de estas criaturas en el "Ciclo del Carbono" puede ayudar a los científicos y a la propia industria a crear sistemas de absorción de los gases que favorecen el calentamiento de la atmósfera.

El papel de estos organismos como "arados biológicos" y proveedores de nutrientes es un campo nuevo para la investigación. Una experiencia realizada por la "Fábrica Azucarera São Francisco, en el interior de São Paulo, con lombrices cultivadas resultó en una cosecha extraordinaria, gracias al fosfato producido por los excrementos de esos anélidos, por el nitrógeno generado a partir de su descomposición y a la aereación del subsuelo facilitada por los kilómetros de galerías abiertas en su ciclo vital. En India, plantaciones tradicionales con más de 100 años fueron monitoreadas, constatándose que después de la reintroducción del "gusano de la tierra", las cosechas aumentaron casi 300%.

La microbióloga de la Universidad Federal de Lavras [Brasil], Fátima Moreira, trabajando en el proyecto, informó que bacterias fijadoras de nitrógeno ya estaban siendo utilizadas en Brasil para cultivar soya de forma ambientalmente amigable. "Los granos de soya fueron inoculados por una especie denominada Bradyrhizobium en lugar de los fertilizantes industriales". La Dra. Fátima ya realizó experiencias en más de 2,000 especies, incluyendo árboles, pequeñas plantas y herbáceas, con la finalidad de saber cuáles podrían ser inoculadas con bacterias fijadoras de nitrógeno. Muchas de estas especies de plantas, que son vitales para la producción de madera, carbón y producción de alimentos, se beneficiarían con esta tecnología.

Este proyecto proporcionará informaciones cruciales sobre cómo puede ser conservada la biodiversidad del subsuelo, principalmente en tierras dedicadas a los agronegocios, mientras se preserva la herencia cultural de esos organismos extraordinariamente diversos y potencialmente útiles para las futuras generaciones. 
 
Edith Papp
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